Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

martes, 27 de noviembre de 2012

Capítulo 2, el manitas 11

El polígono industrial en el que estábamos era uno de los más extensos de Cáledon, pero también de los que más habían sufrido durante la guerra civil. Albergaba fábricas semiderruidas, naves industriales abandonadas y muchos escombros y basura. Numerosos sin-techo aprovechaban aquellas ruinas de hormigón y metal para cobijarse de la lluvia y del frío. También era un supermercado de la droga, muchachos-zombi acudían al polígono para adquirir nirvana, la droga del momento: barata, potente, destructiva... Una autentica plaga de los barrios obreros consentida, e incluso impulsada, por el gobierno. 

Con todo, aun albergaba importantes industrias, entre ellas la fábrica de Cia+Fia donde trabajaba Gloria. Además, más abajo había una planta química, también de Cia+Fia, que contaminaba toda la zona con una neblina amarillenta y fétida. También había numerosos talleres de soldadura y calderería con sus característicos olores a herrumbre y soplete. 

La asamblea iba a celebrarse en un antiguo almacén de logística que había cerrado hacía poco. Suponíamos que nos encontraríamos con algunos sin-techo, pero que al vernos se esconderían. Era el mejor lugar para celebrar la reunión: Apartado del resto del polígono, con muchos accesos posibles: las entradas principales y luego varias salidas de servicio. Era difícil de rodear y cualquier persona que se acercara tenía que ser detectada desde lejos. 

Allí estaban los ocho trabajadores, incluida Gloria, más nosotros cuatro. Nos presentaron a los trabajadores que no conocíamos, cinco hombres y dos mujeres: Pep, orondo y calvo; James, negro como yo, alto y musculoso; Andrés, rubito y menudo; Toño, feo y sudoroso; Selma, de ojos rasgados y bajita y Mary, pálida, casi cadavérica, con unos intensos ojos verdes. Excepto Selma que era de oficinas, los demás trabajaban en el taller. Todos rozaban los treinta años. 

Me impresionaron aquellos hombres. Vivíamos en un régimen policial, con nulos derechos democráticos. A la mínima sospecha de que estaban tratando de organizarse podían ser despedidos sin ninguna indemnización. Eran valientes. Me fijé en aquellas caras, agotadas por diez horas de duro trabajo, un trabajo intenso que arrancaba de su ser la energía vital necesaria en todo ser humano. Y sin embargo allí estaban, cansados, pero excitados. Con miedo, pero dispuestos. Era impresionante la capacidad de sacrificio de un trabajador convencido de la necesidad de luchar. Ya lo había visto en el pasado: obreros y obreras que despertaban a la vida gracias a la organización, que conquistaban su dignidad luchando junto a otros obreros. Nunca dejaban de impresionarme, al fin y al cabo yo no había dejado de ser una simple estudiante y en frente tenía una pequeña demostración de la solidez que aportan los trabajadores. Y no obstante, pese a todo, la sensación que me transmitían es que todos, o casi todos desconfiaban de nuestra presencia. Y no era para menos. No lograríamos nada de ellos hasta que no conquistáramos el derecho a ser escuchados. 

Bruno pidió a Andrés que se encargara de la vigilancia del almacén. Pablo se ofreció para acompañar al obrero. 

- Ha sido mala idea reunirnos hoy - tomo la palabra James - toda la ciudad está llena de policías por lo del hospital. 
- ¿Y quiénes son estos tipos? - preguntó Mary. 
- Ella luchó conmigo en la guerra antifascista - dijo Bruno – confío plenamente en ella – explicó para tratar de rebajar la tensión y la desconfianza presente en el almacén- Además tiene mucha experiencia en la formación de sindicatos: antes de la guerra ayudó a los sindicatos jornaleros de New Haven. Nos va a ayudar. 
- ¡Es una bolchevique! – exclamó Selma con un evidente gesto de precaución. 
- Lo fui - reconocí – pero ya no lo soy. - Mi contundente afirmación parece que tranquilizó a los trabajadores. 
- ¿En qué puede ayudarnos? - interrogó James. 
- ¿No serán los que busca la policía? - Selma estaba muy nerviosa - ¡Ay, madre! Me voy. 
- ¡Espera! - le insistió Bruno. - Ella tiene experiencia. Nos puede ayudar. Hemos comenzado esto porque estamos hartos de que los jefes actúen injustamente. Tú misma, Selma, te has quejado un montón de veces del acoso constante que sufres. Si actuamos sin ayuda, sin saber, nos cazarán y nos despedirán. 
- Todos sabemos que hacemos algo peligroso - afirmó James apoyando a Bruno. El trabajador pensó un momento y sentenció: - Escuchemos a la mujer. 

Me encontré entonces con dieciocho orejas esperando mis palabras... Y no sabía muy bien que decir: 

- Me han contado Bruno y Gloria que queréis formar un sindicato. 
- La situación en la empresa empeora día a día – explicó James - Nos redujeron a todos el salario y nos cambiaron el horario y los enlaces sindicales hacen lo que le dice la empresa. 
- ¿Aún tenéis enlaces sindicales? - Sabía que formalmente los sindicatos no estaban prohibidos. En teoría había libertad sindical, pero en la práctica había un único sindicato producto de la fusión obligada de los sindicatos no bolcheviques. Todos los trabajadores estaban obligados a afiliarse a esta central única. Era una especie de sindicato vertical, al servicio de los empresarios: la Confederación Republicana de Trabajadores, CRT. Aún había comités de empresa, pero las elecciones sindicales eran un mero trámite. Sólo podían elegirse a los enlaces de la CRT y en teoría estaban encargados de actuar de intermediarios entre los trabajadores y la empresa. A la hora de la verdad había una única lista, elaborada a dedo por la empresa. 
- Hace un mes despidieron a veinte trabajadores con contratos en vigor y sin ninguna indemnización: No les dieron ni las gracias. El comité no hizo nada, aunque un abogado nos dijo que incluso con el juez más pro-empresa que nos hubiéramos encontrado, podríamos haber conseguido dinero para los compañeros porque la legislación aún exige cumplir los contratos. – explicó Bruno. - Salvo en los casos contemplados dentro de la Ley de Pacificación de la República. Te puedes imaginar: bolchevismo, terrorismo, conspiración, asociación ilícita… 
- ¡Lo que está pasando es muy injusto! - protesto Toño, a lo que todos cabecearon y refunfuñaron indignados. 
- ¿Hablasteis entonces con un abogado? ¿Quién es? ¿Cómo le pagasteis? ¿Habéis creado una caja de resistencia o algo así? ¿Cuando son las elecciones a enlace sindical? – Pregunté. 
- ¿El abogado? Un busca-pleitos que se pasó por el taller - me respondió Bruno - Lo de la caja lo hablamos, pero por ahora no hemos montado nada. Las elecciones son cada cuatro años, aún falta uno entero. 
- ¿Los enlaces siguen, en teoría, protegidos por la ley verdad? - A lo que Bruno asintió. 
-Sólo pueden ser enlace los que tienen contrato indefinido, nativo de la República, con antigüedad de 10 años en la CRT, es decir, 10 años con contratos de trabajo legales, y de 5 años en la empresa. Pero una vez elegido sólo un tribunal penal puede derogarlo si la empresa demuestra que has cometido una falta grave o que vulneras la Ley de Pacificación. 
- No es mucho… pero es lo que hay. Creo que habrá que tener paciencia. - y expuse mi punto de vista: 

“El gobierno de la República está aprovechando la devastación causada por las dos guerras para recortar uno a uno los derechos que nuestros padres conquistaron durante las luchas contra la monarquía. Toda su política pasa por beneficiar a los empresarios. Todos los cambios legales esclavizan más y más al trabajador en su puesto de trabajo, mientras que los empresarios se enriquecen a nuestra costa” 

- Habla como una bolchevique - me interrumpió Selma, pero los otros trabajadores la hicieron callar y me animaron a continuar: 

“Ahora estamos desorganizados y débiles, producto de las guerras, la represión, los graves errores que cometieron los bolcheviques... Pero las cosas están cambiando. Fijaos en Sumailati. Ya veremos que sucede en la potencia fascista, pero hacía décadas que no se producía una movilización similar. Si cae el gobierno fascista de Sumailati caerán las demás potencias. ¿Cuánto podrá aguantar la República? El gobierno no es tan fuerte como parece. Y nosotros somos fuertes. Trabajadores, no podemos olvidar que nuestra fuerza descansa en nuestro papel en la producción y que, organizados, tenemos capacidad para responder al patrón, incluso en las peores condiciones.” 

No me lo podía creer. Las palabras fluían por mi boca. Hacía años que no hablaba así. Casi lo había olvidado. Todo aquello... Aquellas verdades... Había comenzado muy nerviosa, pero ahora sentía una agradable sensación de confianza y orgullo. Notaba que lo que decía conectaba con la experiencia de aquellos trabajadores. Hablábamos el mismo idioma. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Vi que Víctor sonreía. Noté como Bruno tenía los ojos iluminados. Incluso Pablo, pendiente de vigilar, no había podido evitar prestar atención a mis palabras. 

“Esta batalla se va a recrudecer y mientras no haya organización el empresario se crecerá más y más. Pero inevitablemente, más trabajadores van a buscar una salida colectiva... ¡No les va a quedar otro remedio! Y eso no será necesariamente poco a poco, uno a uno... El cambio puede ser brusco, repentino. Precisamente por eso no hay tiempo que perder. ¿Qué tiene que ser un sindicato para vosotros? El compromiso de ayudaros unos a otros de manera colectiva: de guardaros las espaldas, de prestaros mutuo apoyo, de responder firmes y como un solo hombre.” 

“Fijaros una cuota mensual, suficientemente alta, guardad ese dinero en sitio seguro, empollad la legislación laboral para conocer los puntos débiles y fuertes de la ley, no confiéis nunca en los jefes y tampoco en los jueces. Trabajad de manera clandestina. No proclaméis públicamente nada. Usad el boca a boca sólo con la gente de confianza. Sacad hojas que denuncien los ataques de la empresa, pero no las repartáis públicamente. Financiaros con las cuotas y con colectas. Id ampliando el círculo de confianza poco a poco, ganado al sindicato a trabajadores dispuestos a comprometerse, probados.” 

“Un buen objetivo a medio plazo es tener vuestro propio candidato en las elecciones a enlace y ahí contar con los votos suficientes para ganar. No actuéis a la ligera, pero tampoco os acobardéis. Muchos compañeros vuestros os apoyarán. Si hay nuevos despidos, valorad la posibilidad de alguna acción colectiva, pero sólo si los trabajadores están dispuestos y, si lo veis posible, buscad un buen abogado. Pero la clave no estará en los tribunales, estará en el apoyo dentro de la fábrica y en el grado de organización que tengáis. Al principio habrá miedo. Es inevitable. Pero los trabajadores os respetarán, y a medida que les demostréis qué vais en serio, se sumarán.” 

“Con el tiempo podréis marcaros otras metas, coordinaros con otras fabricas y con otros trabajadores. Porque no dudéis que esto que está pasando aquí, un pequeño núcleo de obreros dispuestos a rebelarse, se está dando en otras muchas fabricas en todo el territorio de la República. Será duro y en el camino despedirán a compañeros. Habrá represalias y tratarán de apoyarse en el miedo, pero aislados, solos, seréis figuras de plastilina en manos de los empresarios.” 

¡Qué contenta estaba! Veía a los trabajadores que sonreían, que estaban insuflados con nuevos ánimos. Había puesto voz a sus anhelos. No había dicho nada que ellos no supieran, pero lo había dicho en voz alta y para todos. Era un comienzo. 

Pero todo se torció.