Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Capítulo 2, el manitas 12

La idea que teníamos para el funcionamiento de la reunión era, cuando yo terminara de hablar, iniciar un turno de palabras, preguntas, intervenciones… y así dar pie a que los trabajadores pudieran expresar sus puntos de vista, sus temores, dudas o propuestas. Y al final queríamos formalmente votar la conformación del sindicato con una cuota mensual de 20 sólidos. 

Pero no pudo ser. 

Fue terminar mi discurso y la hasta entonces oscura nave, sólo iluminada con las linternas que llevábamos, fue alumbrada por los poderosos focos de la policía. Escuchamos una salva de disparos e inmediatamente apareció Pablo arrastrando el cadáver de Andrés. 

Reconozco que me asusté. Todos lo estábamos. ¿Qué había pasado?, ¿Qué había hecho Pablo? El muchacho estaba pálido y manchado por la sangre del trabajador. Por mi cabeza pasó la idea de que Pablo había asesinado a Andrés. ¡Pero eso no podía ser! 

- ¡No los vimos! Aparecieron de repente… por todas partes... de la nada- trató de explicar Pablo mientras soltaba el cadáver del trabajador. – Dispararon sin previo aviso. Yo pude cubrirme… ¡fue todo tan rápido! 
- ¡Ríndanse! – un megáfono de la policía - ¡Están rodeados! 

Por todas partes se escuchaban ruidos de botas. 

- Sabían que estábamos aquí. – Añadió Pablo. 
- ¡No puede ser! - Bruno miró a su esposa. Mi compañero de armas estaba desencajado, pero no era por la policía en sí, era porque una horrible pesadilla, algo que ni siquiera se había planteado como posible, tomaba forma. Y tomaba forma en esa mujer a la que tanto quería, con la que había compartido tantos momentos. La madre de su hija. Los ojos de Bruno expresaban todo eso... y más. No era rabia, ni odio... Era desprecio y... ternura. 

Gloria lo comprendió. La traidora comenzó a llorar y a exclamar el nombre de su marido: ¡Bruno! ¡Bruno! 

James agarró a Bruno del brazo y dejamos atrás a Gloria con la única compañía del cadáver del trabajador asesinado. Los demás tratamos de ponernos a salvo por el pasadizo de seguridad que habíamos previamente preparado. 

Y allí, ya sola, cayó de rodillas Gloria, llorando desconsolada consciente de que no sólo había traicionado al amor de su vida, sino también se había traicionado a ella misma. Todo lo que había sido, todo lo bueno que podía trasladar a su hija lo había destruido. Se había negado como persona. Ya no era nada, sólo escoria. 

- Lo hice por ti... - Susurró Gloria en un tono casi imperceptible. Nunca sabremos si esas palabras iban dirigidas a su amado Bruno o a su bebé... Poco importaba. 

Tras ella surgió la oscura figura del coronel Saúl, seguido por su oficial de nariz aguileña, el comisario Santos y varios soldados y policías. El coronel pasó de largo de la delatora con zancadas amplias pero tranquilas. Se quedó mirando la puerta entreabierta por la que sus presas habían vuelto a escapar. Hizo un gesto a su oficial y éste ejecutó allí mismo a Gloria de un disparo a bocajarro en la cabeza. 

Santos notó un nudo en el estómago. Sabía que el coronel había prometido a la delatora preservar a su familia a cambio de la Exiliada. Sin embargo, no había dudado en ejecutarla, en asesinarla a sangre fría. El comisario cada vez tenía más claro que aquel villano solo sabía de muerte y de traición. 

Bruno notó el disparo en el centro de su corazón, como si aquella bala le hubiera reventado a él mismo. Lloraba y lloraba. Pero no dejaba de correr. Su instinto de padre le decía que tenía que rescatar a su bebé. 

Ya lejos del almacén, cuando parecía que estábamos a salvo de las BAB y de la policía, los trabajadores amagaron con irse a sus casas. 

- ¡Ni se os ocurra! - les gritó Víctor. - saben todos vuestros nombres e irán directos a por vuestras familias. Llamad a casa y decidles a vuestras parejas e hijos que se vayan inmediatamente. Que no hagan la maleta, que se vayan con lo que lleven puesto. Que huyan corriendo y abandonen la ciudad y que os esperen en el segundo motel, no en el primero, en el segundo motel que encuentren fuera de Cáledon. Decidles que si no llegáis en hora y media, que vuelvan a huir y que se olviden de vosotros. 

Los trabajadores, asustados, impresionados, paralizados, excitados... lentamente razonaron la sabiduría de las palabras del anciano y le hicieron caso. 

Bruno también le escucho, pero aquellos consejos no iban con él: 

- Tengo que salvar a mi bebé, capitana. - me dijo. 
- Y yo te ayudaré a hacerlo - le respondí sin vacilar y, seguida de cerca por Pablo y -con muchas más dudas y algo de demora- por Víctor, corrimos hasta nuestra furgoneta robada para tratar de rescatar a la hija de mi camarada.