Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Capítulo 3, la última bolchevique 7.

La celda improvisada era un cuarto oscuro, sin más iluminación que una ventana minúscula y con reja en lo más alto de la pared. 

Pablo se sentó en el suelo resignado, comprendiendo que estaban a merced de las gemelas. 

Víctor, en cambio, se mantenía en pie. Trató de oír algo al otro lado de la pared, pero fue un esfuerzo inútil. Se volvió hacia la ventanita, imposible: estaba muy alto y era extremadamente pequeña. Así que, sin llegar a tirar la toalla, se remangó las mangas del jersey y se quedó pensativo mientras se atusaba el bigote. 

Pablo interrumpió sus reflexiones. 

- ¿No te das por vencido viejo? 

Víctor le miró con gesto indiferente. 

- Tú sí lo has hecho. Siempre lo haces ¿verdad? 

La respuesta hiriente de Víctor afectó al muchacho que decidió ponerse en pie y mostrar algo más de actividad. 

- ¿Dónde estamos? – le preguntó. 
- La respuesta obvia es en una celda improvisada, dentro de una antigua central hidroeléctrica, pero supongo que incluso un loco como tú querrá una explicación más exacta. 
- ¡Eh viejo! Yo no estoy loco. No me insultes. – Víctor sonrió levemente arqueando la boca. 
- Esto es una base secreta. De algún grupo insurgente. Mmm –Víctor reflexionaba en voz alta, realmente no buscaba dar ninguna explicación a Pablo - Reconozco que es un grupo bien preparado, la famosa red, pero aún pequeño, limitado... Jajaja… - sus ojos se iluminaron -¡Verónica! ¡Qué astuta ha sido la muy zorra! 
- ¿Verónica? 
- ¡Bolcheviques, amigo Pablo! Esos que a ti te gustan tanto. 
- ¿Qué dices? ¿De qué hablas? – Pablo se asustó. Empezó a temblar. Instintivamente se alejó todo lo que pudo del anciano. 
- Sé quién eres – La voz de Víctor se volvió siniestra, oscura - Y sé que no eres “Pablo”. Jajaja. – Pablo negaba con la cabeza. Estaba aterrado, como un niño que no encuentra el camino a casa. - No te hagas el tonto. – Continuó el anciano - Lo sé desde el primer momento. No estabas ingresado en el hospital por ninguna herida, golpe, ni nada de eso. Estabas en el pabellón psiquiátrico porque te habías intentado suicidar. 

Pablo se quedó blanco. No sabía que responder a Víctor. 

- ¿Por qué dices eso? Además, ¿tú qué sabes? Ni siquiera creo que seas un doctor. No te había visto nunca en el hospital. Y yo soy muy bueno con las caras. 
- Sí, “Pablo”. Yo no trabajaba en aquel hospital. Aunque te equivocas en una cosa: sí soy médico. Pero haces bien en desconfiar de mí. Ahora, entiende esto asesino: Tú no sabes quién soy yo en realidad, sin embargo, yo si sé quién eres tú. Sé lo que te corroe por dentro. Sé lo que has hecho, lo que eres realmente, lo que te llevó a intentar el suicidio incapaz de superar o eliminar tu verdadera esencia. Y también sé que lo poco que aún te sostiene, el limitado aliento que impide que te extingas definitivamente, desaparecería definitivamente si la Exiliada se enterara. 

Pablo estaba completamente descompuesto: Traslúcido, con los ojos rojos a punto de llorar, el corazón golpeándole el pecho y el estómago tragándose a sí mismo. El anciano estaba en lo cierto. Había dado en la diana. 

- Ella te gusta ¿verdad? – Continuó Víctor- Te has enamorando de ella. Has visto en la Exiliada todo lo que tú destruiste, lo que te hicieron detestar, pero que en realidad admirabas. Toda la luz que te ciega en tu oscuridad. Una luz que te enseñaron a odiar, pero que realmente nunca dejaste de amar. Pero sabes, ¡vaya si lo sabes! que si ella se enterara de quién eres de verdad, de lo qué has hecho, te odiaría el resto de su vida. 
- ¡No se lo digas por favor! - Pablo cayó de rodillas ante el anciano, suplicándole con los ojos llenos de lágrimas - Haré todo lo que me pidas, todo lo que me ordenes, pero ¡no se lo digas! 
- Jajaja, ¡Qué ser más patético eres! Pero por el momento no le diré nada. Aún te necesitamos. Aún te necesito. Me ayudarás a protegerla y, llegado el momento, seguirás mis instrucciones.