Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 7, el mercenario 7.

No sabía qué decirle. No sabía qué pensar. Me había quedado de piedra. Él por su parte se mostraba descompuesto. Llorando sin parar cayó de rodillas ante mí. Quise ayudarle a incorporarse, pero pensé en los miles, decenas de miles de compañeros del Partido que habían sido asesinados por las BAB. No solo asesinados, también torturados, humillados… 

Recordé cuando estando en el exilio leía en la prensa las “confesiones” de destacados dirigentes bolcheviques que decían ser los responsables de los más horribles crímenes. Se rumoreaba que esas confesiones las arrancaba el gobierno republicano a fuerza de torturas y vejaciones. Pablo era la prueba viviente de todo ello. La República necesitaba ensuciar el bolchevismo, arrastrar por el lodo la bandera roja para poder derrotar a Jaime y a la revolución. Ningún bolchevique era capaz de hacer las barbaridades que aparecían en esas “confesiones”: envenenar el suministro de agua potable de las ciudades, poner bombas en colegios y hospitales, traficar con droga o prostitutas para financiarse... ¡No! ¡Esos horrores no eran propios de los bolcheviques! Pero sí de muchos honrados y republicanísimos empresarios, como los mafiosos de Davenport enriquecidos por la trata de blancas y el tráfico de drogas, o esos “agentes del orden”, como los mercenarios de Número 2 o los cuerpos de seguridad del gobierno, como el coronel Saúl, capaces de destruir todo un hospital y matar a los pacientes, visitantes y trabajadores del mismo... 

También pensé otra cosa: Pablo me había confesado sus crímenes. Eran horribles… seguramente muy habituales en alguien que ha estado en las BAB y, entonces ¿Helena? ¿Tenía razón Víctor en sus cautelas? ¡Cómo me había dejado llevar por mis sentimientos hacia ella, ignorando su pertenencia a los BAB y los crímenes que seguro tiene en su haber! ¡Joder, ya estaba bien de pensar con el chocho! Seguramente, como Pablo, Helena habría asesinado y torturado a numerosos inocentes y camaradas. Tardaría mucho tiempo en saber hasta que punto eso era cierto. 

- No lo sé - terminé por decir tras todas esas reflexiones - No lo sé. ¿Quién eres? ¿Eres ese Laso? ¿Eres un asesino capaz de hacer los mayores horrores? ¿O eres Pablo, el muchacho joven, que odia las armas y la violencia? ¿Serías capaz de torturarme por un precio? ¿O serias capaz realmente de iniciar una nueva vida? 

Pablo se puso en pie. 

- Te amo Exiliada. He visto en ti todo lo que tenía de honroso Miranda. Me siento como si ayudándote me redimiría de mis crímenes. Sin ti me hubiera vuelto a intentar suicidar y creo que lo hubiese conseguido. Estar contigo me está salvando. Quiero ayudarte. 

Hasta ahí, todo bien. 

-Rose, -continuó- el jefe de la mafia local, ha hablado conmigo - sus primeras palabras me habían parecido sinceras y estaban tranquilizando mi corazón, pero su encuentro con la mafia encendió de nuevo todas las alarmas -. Me ha propuesto un trato. Me ha dicho que no le importan los paramilitares. ¡No, espera! - Pablo se dio cuenta de que yo retrocedía espantada al escucharle - Me ofrece la libertad... ¡De todos! También la tuya y la de Víctor y la de Helena. ¡Y papeles! Sólo quieren los documentos. Me han dicho que los guarda un bolchevique... Supongo que se trata de Luisma, el que buscamos. 
- ¡No Pablo! - No era Pablo el que hablaba, era Laso. Quería alejarme de él. 
- ¡Espera! ¡No te vayas! ¡No me dejes! ¡Te amo! 

Pero era tarde. Me fui corriendo y le dejé solo. Estaba cansada de mentiras e intrigas. ¡Qué decepción lo de Pablo! Si al menos Bruno estuviera a mi lado... Pero estaba sola. Fui al container en busca de Melisán. Ayudaría a aquella gente, hablaría con Luisma y me iría de Davenport cuanto antes. Estaba asqueada y abochornada.