Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

viernes, 22 de marzo de 2013

Capítulo 6, el asesino 13.

Melisán, ahora vestida con chándal y deportivas –que diferencia con respecto a cuando la conocimos-, nos condujo por las instalaciones portuarias de la ciudad. Atravesamos por laberintos de containers bajo la atenta mirada de los obreros portuarios y estibadores. A nuestro paso escuchábamos murmullos crecientes, ojos inquisidores y carraspeos. Melisán aceleró el paso, algo había en todo aquello que no le gustaba. Llegamos a unas casetas levantadas junto a un aparcamiento. Allí nos esperaba un grupo de trabajadores que formaron un círculo a nuestro alrededor. 

- ¡Dejadnos pasar! - exigió Melisán. Trotsky acompañó a su ama con un contundente gruñido. 
- ¡Vete de aquí, niña! - le respondió un hombre gordo y barbudo enfundado en un mono de trabajo y un chaleco reflectante. - No tenemos nada contra ti. 
- ¿Qué queréis de mi? - les pregunté al comprender que era yo la responsable de la situación. 

Uno de ellos respondió lanzándome una bola de papel. Ahí estaba la respuesta así que con mucha tranquilidad me agaché y deslicé mis dedos para recoger la bola. Reincorporada la desenvolví el papel y vi lo que ponía escrito: una recompensa de mil sólidos por mi captura. A la cantidad de dinero le acompañaba un dibujo de mi misma, en el que no salía muy agraciada. 

- ¡Mil sólidos! - dije en voz alta, mostrando a mis acompañantes la hoja. Dos o tres de los trabajadores asintieron con los ojos inyectados de codicia. 
- ¡No lo permitiré! - me dijo Meliisán - ¡y Trotsky tampoco! ¿A qué no? - el perro lo corroboró ladrando.
- Ellos son unos veinte, nosotros tres y además está Trotsky - dijo Pablo socarrón - No será un problema. 

Y Pablo se lanzó sin dudarlo a la pelea, golpeando con un puntapié la barriga del primer trabajador. Otros tres se abalanzaron sobre él. Trotsky tampoco lo dudó y se tiró a morder a otro trabajador. Yo a duras penas pude esquivar el derechazo de un hombre muy grande y ancho y Melisán se escabulló entre las piernas de otro, para regresar con una botella rota. 

Así comenzamos la pelea, dando y recibiendo, hasta que escuchamos un fuerte grito: 

-¡Basta! 

Todos nos detuvimos excepto Trotsky que aprovechó la parada para morder a otro incauto trabajador; Melisán tuvo que sujetarlo para intentar tranquilizarle. Los trabajadores se fueron dispersando dejando a la vista al responsable del grito: Era un anciano de pelo y barba blanca el que, de un solo grito, había logrado detener la pelea. Yo no lo conocía, pero Melisán me lo presentó, se trataba de Khan. El anciano parecía un hombre tranquilo, sereno. Sin embargo Pablo lo examinaba nervioso. Había algo en su reacción, en como mi compañero miraba a aquel anciano que me preocupaba. Creo que se conocían.