Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 6, el asesino 9.

Guiados por Melisán corríamos hacia el puerto, donde se encontraba la casa de nuestra salvadora: 

- Lo mejor es que tu amigo duerma la mona. Podéis descansar en mi casa. Vivo sola con Trotsky. 
- ¡Con Trotsky! 
- Sí, él me protege. 

El que Melisán mencionara aquel nombre, aquel preciso nombre, me hizo entrar en cortocircuito. ¿Trotsky? ¿Podía ser un pseudónimo de Luisma? Luisma era bolchevique, quizás así lo conocía aquella cria, por eso nos había rescatado… Fue lo primero que pensé llevada tal vez por mis propios deseos y desesperación. Necesitaba encontrar a Luisma y que me ayudara a rescatar a Víctor y a Helena. No pensaba en otra cosa. Pablo, que aun necesitaba mi ayuda para andar, me demostró que pensaba con unos parámetros diferentes a los míos, más cercanos a los de una persona normal. 

- ¡Qué bien! – Balbuceó como pudo. – Vamos a escondernos con una niña y su perro. 

Pablo tenía razón en lo del perro. ¿Cómo podría haberme imaginado, tan si quiera, otra cosa? El gesto que puse con la cara debió de delatarme y a Pablo, aun completamente borracho, no se le escapaba ninguna: 

- JaJaJa ¿No habrías pensado que su perro era el Trotsky de verdad, resucitado y dispuesto a ayudarte? jajaja. 

Sí lo había pensado… 

- ¡Para! ¡Para! – Gritó Pablo - Tengo que ¡uaggggg! 

Tuvimos que parar para que Pablo vomitara por segunda vez y para colmo se puso a llover a cantaros. ¡Esa noche nos teníamos que haber quedado durmiendo! De hecho, yo no podía con mi cuerpo, estaba completamente exhausta. ¡Qué mierda de noche! Por suerte pronto llegamos a casa de Melisán. Casa por decir algo, porque donde la chiquilla vivía no era otra cosa que un container del puerto, abandonado fuera de las instalaciones portuarias. 

En cuanto nos acercamos comenzamos a oír los ladridos de Trotsky, excitado porque volvía su ama. Melisán abrió el container y su perro, un pastor que parecía un perro-lobo, en seguida nos mostró su hocico curioso. Parecía agresivo y entre ladrido y ladrido nos enseñó su poderosa dentadura, pero a una palabra de su dueña el can se amansó por completo y parecía otro animal muy diferente, manso e incluso dulce. Trotsky era una bestia grande y hermosa de tonos pardos y negros. Nos olfateó de arriba abajo y no despreció las caricias de Pablo que parecía tener buena mano con los perros. Yo siempre he sido más de gatos. 

Para mi sorpresa, aunque por fuera sólo era un container, el hogar de Melisán y Trotsky parecía por dentro precisamente un hogar. Encendió un flexo y vimos un habitáculo convertido en un pisito bastante apañado: una pequeña cocinita, un plato para ducharse, una colchón con sabana, manta y edredón instalado en el suelo sin somier, un armario, una mesa y un rinconcito que pronto supimos que era de Trotsky. 

- La electricidad la robo del tendido con un cableado y el agua la cojo de una fuente pública bastante potable que está aquí cerca. Está un poco salada, pero es bebible. Ese rincón es la habitación de Trotsky - nos explicó Melisán señalando a la esquina a donde había ido el animal, con una mantita en el suelo y un bebedero. – ¡A ver! Tengo saco y esterilla y en la cama entran dos. 

Entre las dos desvestimos y tumbamos a Pablo en la cama. Pese a haber echado hasta la bilis seguía indispuesto. 

- ¡Te quiero Exiliada! - me dijo mientras le tapaba con el edredón y la manta, pero más que una declaración de pasión era un “te quiero” dulce y fraternal, como de hijo a madre. Le sonreí y le acaricié el cabello, hasta que muy pronto se durmió. 
- Tú también debes de estar cansada - me dijo Melisán -. Vete a dormir, quítate la ropa mojada, ponte este camisón y túmbate. 
- ¿Y tú? - le pregunté a la amable cría. 
- ¿Yo? jajaja Gracias a vosotros hoy he terminado pronto mi jornada laboral. Jajaja. No te preocupes. Mañana será otro día. 

Pensé en Víctor y Helena una vez más, pero Melisán tenía razón: Sí que estaba muy cansada, así que no cuestioné las órdenes de la chiquilla y me fui a dormir. Mañana sería otro día.