Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

martes, 26 de marzo de 2013

Capítulo 7, el mercenario 6.

- ¡Explícate! 

No era capaz de estar enojada con Pablo. La luz de la luna -llena aquella noche- iluminaba su rostro con un tenue resplandor plateado. Tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas y su aspecto pequeño y frágil me recordaba al muchacho que había conocido en el hospital de Cáledon. Desde entonces me había demostrado que en su interior existía una lucha a muerte. Dos conciencias peleaban por prevalecer. La dulce e inocente, versus la fría y letal. Y no podía quitarme de la cabeza que, en ese conflicto, yo había ayudado a la segunda. 

-Antes de nada, quiero pedirte perdón. Necesito que sepas, necesito que me creas cuando te digo que te quiero. Estos días viajando contigo he descubierto sentimientos nobles, hermosos, que creía perdidos para siempre: el amor, la lealtad, el valor... Aunque también a su lado han coexistido sentimientos mezquinos: los celos, la envidia, el miedo... 

Pablo se encendió un cigarro. Al término de cada frase le daba una calada amplia y profunda. 

- Siempre me has visto como un joven, como un muchacho… y es verdad, acabo de cumplir veinticuatro años, pero realmente soy un viejo. He vivido en pocos años lo que ningún joven merecería vivir. A ver… ¿por donde empiezo?: Yo no estaba ingresado en el hospital por un accidente. Yo estaba ingresado en el pabellón psiquiátrico porque me había intentado quitar la vida. Pablo no existe. Es la identidad falsa que me dio la mafia de Davenport hace tres años a cambio de haber trabajado para ellos. Pablo no es más que un taxista fracasado, de vida estúpida, que lleva estos tres años vagando por Cáledon como un alma en pena. Sentía asco por mi vida y por el peso de mi pasado, así que me lesioné con un cuchillo. Pero incluso entonces mi cobardía me impidió alcanzar mi objetivo. Tiene gracia, yo que he matado a tanta gente, no he sido capaz de acabar conmigo mismo. 

Pisoteo la colilla del cigarro y encendió otro. 

- Mi verdadero nombre es Laso Ludovico. Es verdad que serví a la mafia y que torture a Khan, entre a otros hombres. Esas y otras vilezas formaban parte de las tareas que la mafia de Davenport me encargó a cambio de darme papeles falsos y permitirme empezar de cero. El pobre Khan era inocente… no sabía nada. ¡Maldito sea! Pero está claro que el fin no justifica los medios. Trabajando para la mafia, lejos de salir del pozo en el que me encontraba, me hundí más. Porque lo peor no es que torturara a un viejo como Khan, o que protegiera los cargamentos de drogas, armas o prostitutas de la mafia… No, lo peor era mi anterior procedencia: un agujero tan negro que para salir de él no dudé ni un momento en ponerme al servicio de Rose, Renó u otros delincuentes de su calaña. 

Tiró su segundo cigarro, pero en vez de encender otro clavó su mirada en mis ojos. Parecía loco, desequilibrado como nunca le había visto. 

- Yo era un desertor de las BAB. A los quince años el Ejército Republicano me reclutó para la guerra contra los bolcheviques. Allí pronto destaqué y me destinaron a las nacientes BAB. En sus cuarteles me adiestraron y me moldearon. Moldearon un odio irracional hacia los bolcheviques, hacia gente como tú. Pretendías destruir a la República y nosotros teníamos que deteneros. Me curtieron en la base BAB de Vancouver y de allí me enviaron a un equipo especial de búsqueda, captura, tortura y eliminación BCTE. Nos infiltrábamos y capturábamos a bolcheviques importantes. Uno a uno, como si fueran animales. Luego les obligábamos a delatar a sus camaradas y a confesar horribles crímenes... Yo era muy bueno en mi trabajo. 

Estaba horrorizada. No estaba preparada para algo así. Ya había asumido la historia de Pablo en la mafia... ¡Pero con las BAB! 

- ¿Por qué desertaste? 
- Todo cambió poco antes de que terminara la guerra civil. Una bolchevique. Superviviente del extinto Comité Central. Era importante. Era una instructora. Se llamaba Miranda. 

Yo la conocía. Era una gran revolucionaria. No se había sumado a Jaime, pero mantenía una posición crítica con el viejo CC. Por lo que yo sabía, cuando se inició la guerra civil y la República atacó también a los bolcheviques que no estaban con Jaime, Miranda organizó una desesperada pero efectiva defensa, contando con trabajadores y revolucionarios de distintas tendencias que trataban de protegerse del gobierno y la represión.

- A diferencia de otros prisioneros, -continuó explicándome Pablo - Miranda mantuvo la calma cuando la capturamos y trató en todo momento de resistir nuestras torturas. Nos habían preparado a soportar todas vuestras soflamas, consignas y propaganda. Pero ella aprovechaba la mínima oportunidad para explicar vuestras ideas. Sé que buscaba desmoralizarnos, que nos viéramos como marionetas de los capitalistas y fascistas, que supiéramos que eran ellos los que luchaban por el pueblo y no nosotros... Así fueron pasando los días de encierro y tortura. Teníamos orden de no matar al prisionero hasta que lográramos quebrar su espíritu, hasta que delataran y confesaran por efecto del dolor, para evitar más dolor, para que desearan la muerte antes de más dolor. Pero Miranda resistía. Ni confesaba, ni delataba. Le hice los mayores tormentos. Llegué a profanar su carne con cortes y heridas, mutilaciones y vejaciones que, recordándolo tiempo después, me cuesta trabajo verme capaz de hacer semejantes actos. Y ella resistía y cuando recuperaba el conocimiento me volvía una y otra vez a explicar que existen clases sociales etcétera, etcétera, etcétera. Mis superiores se impacientaban y querían resultados. Y entonces descubrí que la admiraba. Admiraba a aquella bolchevique a la que me habían enseñado a odiar. Incluso creo que llegue a amarla... Y por amor la maté. Durante una tortura. Decidí librarla del sufrimiento. Nadie sospechó, porque estos “accidentes” sucedían. Sí, amaba a aquella mujer e hice lo único que podía hacer para ahorrarle más dolor. Pero todo cambio para mí. Ya no podía hacer mi trabajo. Mi mundo, construido en los cuarteles de las BAB, se desmoronaba, pero yo seguía siendo un asesino... Aún pasaron un par de años de supuesta “paz” en los que yo fingía seguir siendo un BAB, pero ya no podía más. Cuando finalmente, durante una misión, decidí desertar, sólo podía acudir a la mafia para conseguir ayuda y sólo podía ofrecer mis habilidades para pagar esa ayuda. 

Era horrible. Pablo, o Laso, me dejó helada.