Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

lunes, 25 de febrero de 2013

Capítulo 6, el asesino 1.


Davenport es el principal puerto de la República. Lo era desde tiempos inmemorables gracias a su ubicación: una bahía protegida de los golpes del mar, fácilmente defendible y con suficiente profundidad, sin necesidad de ser dragada, para que puedan atracar barcos de gran calado. Aun se cuentan historias de piratas, de sirenas, tesoros y ballenas relacionadas con Davenport. Desde Davenport, tanto los productos industriales de Cáledon como los agrícolas de New Haven se distribuyen a otros países, tanto a los países del continente como a las antiguas colonias. Pero sobre todo llegan productos. La República exporta, pero sobre todo importa: combustible, tecnología, ropa... Miles de contenedores se almacenan en el puerto de la ciudad con productos esenciales para la economía republicana y la vida de sus pobladores.

Los estibadores del puerto de Davenport habían sido una parte importante de la columna vertebral del Partido bolchevique. Ya durante décadas habían jugado un importante papel en la lucha de clases. Por ejemplo, cuando las Potencias fascistas comenzaron a ascender en la política continental, los estibadores boicotearon sucesivamente el envío desde la República de armas y productos de factible uso bélico para los gobiernos fascistas. Esta acción fue respondida por el entonces gobierno socialdemócrata republicano con la militarización del puerto de Davenport, para garantizar los tratados comerciales internacionales. Y sí, con la represión, los tratados finalmente se respetaron, eso sí, con mucha resistencia de los estibadores, pero para el gobierno socialdemócrata, desgastado y desprestigiado, el enfrentamiento directo con los estibadores sería un tremendo clavo en su ataúd: poco después terminaría cayendo, dando paso a la coalición demócrata-republicana que iría conformando el actual Partido gobernante. Como resultado de todo aquello, cientos de estibadores se fueron pasando en masa al bolchevismo.

Años después, al concluir la guerra antifascista, al parecer en Davenport los estibadores llevaron las proclamas de Jaime contra el gobierno de la República hasta el final. Paralizaron el puerto, tomaron las calles, ocuparon los edificios oficiales y proclamaron la Comuna de Davenport. La ciudad estaba en sus manos. Pero el ardor revolucionario de los estibadores no era igual de compartido ni por la masa rural que rodeaba la ciudad, ni por otros colectivos de trabajadores mas desgastados por la guerra. Éstos, justificados por el viejo Comité Central, echaban en cara a los estibadores que ellos no habían sido llamados a armas en la guerra porque el gobierno les necesitaba para mantener el funcionamiento del puerto.

Jaime trató de enviar algunas de sus milicias para que la Comuna de Davenport resistiera. Pero no pudieron atravesar las líneas enemigas. Mientras tanto la ciudad, aislada, cercada, sufrió duros bombardeos de aviación y artillería y finalmente los estibadores, a su pesar, se rindieron.

La represión fue salvaje. Fusilados, cárcel, linchamientos... Prácticamente toda la plantilla del puerto fue reemplazada por gente nueva, traída del campo o compuesta de gente que se había mantenido leal a la República. El gobierno quería que nada volviera a ser igual en Davenport. Necesitaba su puerto, pero necesitaba otros estibadores.

El sindicato estibador ahora prohibido fue reemplazado por una poderosa mafia, vinculada a los negocios más espurios de las cloacas republicanas y que controla por completo la CTR de Davenport. La Mafia de Davenport utiliza el puerto para impulsar un floreciente tráfico de drogas, armas y mujeres, los tres grandes negocios que mueven millones y millones de sólidos. Los grandes financieros republicanos blanquean allí su dinero, las autoridades miran hacia otro lado tras su correspondiente comisión y los negocios locales son mayoritariamente propiedad de la mafia, cerrando un círculo que fusiona a empresarios, políticos, banqueros y mafiosos: son las mismas personas, los mismos intereses. La barbarie y la corrupción habían sustituido a la revolución.