Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Jaime. El obrero 1.1.

El despertador sonaba a las cinco y media de la madrugada. Era un sonido desagradable, irritable. Para Nick Denger era habitual. Los últimos años de su vida había escuchado ese ruido todas y cada una de las mañanas, de lunes a sábado, exactamente a las cinco y media de la mañana.


Pero ahora era peor. Habían cambiado los turnos y ahora alternaba una semana de tres a once, con el turno para el tradicional, de siete a tres. Esos cambios le destrozaban el horario, las rutinas, el tiempo libre... Se sentía siempre cansado, por mucho que los domingos descansara.

¡Sí!, pensaba, los turnos están destrozando mi vida.

Le dio un beso a su esposa Laura, que reaccionó como todas las mañanas: se dio media vuelta y siguió durmiendo.

Su matrimonio se estaba yendo al garete. Cuando trabajaba de mañana la veía para cenar. Ella trabajaba de nueve a siete en un geriátrico. Cenaban, ella se iba a ver la tele y él a dormir. Pero era peor cuando le cambiaban de turno. Nick llegaba a las doce de la noche, como pronto -muchas veces le hacían quedar una hora más-. Sólo podía darle un beso de buenas noches antes de que ella se fuera a la cama. Los domingos estaban tan cansados que se pasaban el día en la cama viendo la tele.

En media hora se duchaba, se vestía y esperaba el autobús. El viaje tardaba una hora porque el polígono industrial donde trabaja está muy lejos de su casa en la Colmena de Caledon. Tiene que cruzar casi toda la ciudad. Cuando llega tiene el tiempo justo para tomarse un café de maquina con sus compañeros y cambiarse. ¡Y a trabajar!

Ocho, a veces nueve horas, sólo interrumpidas por un descanso para desayunar de media hora a las diez, en las que una y otra vez realiza la misma sucesión de tareas: mide la pieza, ajusta la maquina, corta la pieza con la maquina; mide la pieza, ajusta la maquina, corta la pieza con la maquina; mide la pieza, ajusta la maquina, corta la pieza... Así una y otra vez. ¡Y no tiene ni idea de para qué diablos son esas piezas metálicas! Una vez le explicaron que se envían a otra empresa metalúrgica que le dan forma para construir distintos componentes metálicos... Vamos, que no le explicaron una mierda.

A las diez paran, se fuma un cigarro detrás de otro mientras come un bocadillo y bebe una cerveza primero y un café después. Y a la salida, después de haber medido y cortado cientos de piezas metálicas, como su esposa está trabajando al otro lado de la ciudad no tiene otra ocupación que irse al bar con sus compañeros a fumar y beber hasta que llegue la hora de cenar que vuelve a casa a reencontrarse con Laura.

Así era un día normal de Nick Denger... ¡y en una semana buena, porque está de mañana! Así día tras día.

Y así había sido también ese mismo día en que empezó la guerra.