Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

jueves, 20 de febrero de 2014

Jaime. El Mercenario 1.3.

Apareció de golpe ante mis ojos, como si fuera un fantasma. Era un hombre, alto y de mediana edad, elegante, con estilo, muy diferente al yupi que me había conducido a su presencia. Vestía traje negro y corbata a juego, con una joya, un rubí rojo muy brillante enganchado en el ojal de la chaqueta; de pelo corto y negro, pero con una capa de canas sobre las orejas que le hacían parecer respetable. Ocultaba sus manos tras la espalda y me miraba con intensidad y severidad. Sus ojos daban miedo: eran infinitamente azules, diría que casi violetas. 

Oyéndome describir al sujeto igual pensáis que soy gay perdido, no es así -la hombría ante todo-, pero imaginaros el impactó que me causó. Del susto que me dio, me incorporé del sillón e incluso estuve tentado de ir a tocarlo.

Pero no estaba allí conmigo. 

Al menos no físicamente. Me veía e interactuaba conmigo, pero no estaba en la sala. No sé donde estaba ni había forma de averiguarlo. Era un holograma, periódicamente una luminosidad azul eléctrica recorría la imagen revelando su carácter artificial. Pero el resultado era excepcional. 

Yo había oído que los militares tenían a sus sesudos científicos trabajando intensamente para desarrollar hologramas capaces de engañar a enemigos, crear señuelos, etc. Pero aparentemente, por ahora no habían conseguido resultados claros más allá de pruebas ineficaces. En teoría la tecnología necesaria seguía siendo patrimonio de la ciencia ficción. Pero lo que estaban viendo en ese momento, el holograma de lord Kramer desmentía todo aquello. ¡Fascinante!

- Buenos días, amigo - me dijo con un agradable tono de voz -. Gracias por responder a mi llamada. Tome asiento si quiere y sírvase algo. Allí tiene un mueble-bar.

A su indicación se iluminó una tenue luz que dejó ver la mesa equipada con varias botellas, vasos y cubitera. Me acerqué. Licores todos muy buenos. Sin inmutarme me preparé un whisky, de los más caros de mi vida, siempre bajo la atenta mirada del holograma de lord Kramer.

- Le he hecho venir porque necesito de sus talentos para salvar a la República de una nueva guerra.