Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

martes, 15 de enero de 2013

Capítulo 4, la ciega 10.


- O... Os preguntareis qué hace un niño pij...jo como yo rodeado de marxismo – nos dijo Roger mientras nos ofrecía algo de comer y beber.
- No hago otra cosa que pensar en ello. - dijo Pablo con cierto sarcasmo mientras se llenaba la boca de pan y leche.

Sorprendentemente, desde el momento en que mostré interés por los libros ocultos en aquel lugar, Pablo trataba con manifiesta antipatía a Roger. Esa actitud me desconcertaba: ¡A penas lo conocíamos! Yo, desde luego, no tenía suficiente confianza como para tratarle… ¡de ninguna manera especial! Sin embargo, Pablo, cada vez que podía, trataba con desprecio a nuestro nuevo conocido. No sabía entonces si era por un odio de clase provocado por el acomodado origen social de Roger o, más bien, se trataba de otros motivos que a mí se me escapaban. Roger también se dio cuenta de la rivalidad de Pablo, pero parecía que aguantaba estoicamente sus burlas e insultos de mal gusto. Eso sí, cada vez que Pablo abría la boca, Roger, indefenso, enrojecía y su tartamudeo aumentaba.

- M... Mis pa...adres son doc... Doc... Doc...
- ¡Médicos! ¡Tartaja! - le interrumpió Pablo, otra vez burlándose de manera cruel de su tartamudez.
- Médicos - ratificó con esfuerzo el tartamudo.
- ¡déjale tranquilo Pablo! – exclamé enojada por la conducta de Pablo.
- ¡Pero...! - Pablo no asumió de buen grado mi defensa de Roger. Desde entonces se mostró aún si cabe más arisco con él. No obstante, parecía que Pablo no quería provocar una bronca entre nosotros dos, así que cerró el pico.
- Gra... gracias - me dijo Roger sonriéndome tímidamente y, tranquilizándose un poco, continuó su explicación: - Nunca fueron bo...bolcheviques, pero rechazan las injusticias. Y durante las gue... guerras vieron muchas. Me educaron como soy y mi inte...e...res por la historia hizo el resto.
- ¿Por qué nos cuentas todo esto? - le pregunté
- Porque necesito vuestra ayuda y pa...para eso necesito que confiéis en mí. Qui...quiero usar los me... métodos legales que... que haya para denunciar las injusticias de la Rrr...república. También qui... quiero enviar fotos y audios a los me... medios de comunicación del extranjero. Por eso usando un alias avise a va... varias organizaciones no gubernamentales. Solo la de los ciegos me respondió.

Miré a Helena. No se inmutó.

- Gra… gracias Helena por buscarme y traerme a estos a… a… amigos.
-Sabes que simpatizo con tus propósitos. Cuando supe que venían pensé que podrían ayudarte.
- Sí. A… acertasteis.
- Tus intenciones son muy loables muchacho – le interrumpió Víctor, impaciente - Pero ¿eres consciente de que aun que tú uses métodos legales, el gobierno no dudará en usar conra ti métodos ilegales?
- No soy tan ingenuo... La situación es pe... peligrosa. Por eso necesito vu... vuestra ayuda.
- ¿Por qué no te ayuda Orestes?
- O... Orestes no quiere hacer nada. Se lo propu... pu... puse, pero me dijo que no, q…q…que mis planes eran “i…inútiles e infantiles”, eso dijo. Descubrí al v…viejo bolchevique de casualidad, cuando yo hacía un reportaje sobre los jor... jor... jornaleros emigrantes. Se oculta camuflado en uno de sus campamentos, pero yo le reconocí.
- Aún no nos has dicho qué quieres que hagamos, tartaja. - Pablo rompió su silencio, pero tras mencionar el defecto de Roger, me miró consciente de que había metido otra vez la pata buscando mi clemencia. Le ignoré.
- En New Haven – continuó nuestro anfitrión - hay un gra... grave enfren... fren... frentamiento entre jornaleros: los nativos y primeros emigrantes ne… negros, co... contra los nuevos emigrantes, la mayoría se… se… semitas. Pe... pero esos enfrentamientos son a... alimentados por los terratenientes: pe... peores salarios, mentiras y calumnias... Con todo y con eso, ha habido intentos de colaborar entre los jo... jo... jornaleros. Entonces, alarmados, los terratenientes reclutaron bandas fascistas de toda la Re… república.
-¿De toda la República? – pregunté intrigada.
- Sí. Aquí nunca hubo. Ya lo sabes - me dijo-. Algún hijo de ffff… familias bien. Los conozco del instituto y la uni. Pocos y cobardes. Así que trajeron grupos grandes, en... endurecidos de peleas, armados... Se dice que se prepara una ofensiva contra los se… semitas. Sé que tras los fascistas están los terratenientes y las autoridades. Eso es lo que que que quiero demostrar.

Roger quería que consiguiéramos una prueba que le permitiera desvelar al mundo entero los vínculos criminales que unían al gobierno republicano, la oligarquía terrateniente y los matones fascistas. Un video, fotos... Algo así.

Al parecer, era un secreto a voces que los fascistas preparaban un progrom en uno de los campamentos de jornaleros semitas. Probablemente buscaban una reacción de los emigrantes que desatara una guerra abierta entre jornaleros. Roger nos informó que esa noche se celebraría una fiesta en una importante hacienda cercana a New Haven. Era la mansión del Señor Goteflor, antiguo marqués de Vega Ancha. Esa fiesta sería todo un acontecimiento local, eso sí, privado. Personalidades destacadas, terratenientes, políticos, empresarios… irían allí. El muchacho sospechaba que en esa fiesta podíamos encontrarnos con evidencias que le ayudaran a la hora de vincular a los terratenientes, el gobierno y los fascistas. Quería que nos coláramos allí. ¡Era una locura!

- ¡Esto es un sinsentido! - exclamé -. Yo no soy una espía, no tengo ni idea de cómo actuar.
- No parece que tengáis muchas otras opciones si queréis encontrar a ese tal Orestes. - dijo la ciega.

No tenía ni idea de qué hacer. Yo tenía formación militar, de la guerra, pero una cosa era eso y otra muy distinta tener conocimientos de información y contra-información. Quizás podría patearme los campamentos de emigrantes buscando a Orestes, pero era muy fácil que no diera con él. Además Helena nos había dicho que policías y fascistas estarían buscándonos... Parecía que no tenía otra salida.

- Acerquémonos hasta allí - dijo Pablo tratando de aportar algo positivo -. Hagamos un reconocimiento previo a ver que nos encontramos.

Así hicimos. Roger nos acompañó a través de los túneles de salida del complejo secreto y ya en nuestra furgoneta abandonamos la ciudad hacia los campos cultivados de New Haven. Roger nos indicaba en cada momento que camino seguir, que cruce tomar... Pronto nos situamos a una distancia prudente de nuestro objetivo. Ocultamos la furgoneta entre unos matorrales y subimos a una colina donde Roger había instalado una especie de campamento. Me sorprendió tanta preparación y organización para un muchacho aparentemente tan delicado y patoso y que, además, en teoría estaba sólo. Desde ese lugar podíamos divisar una panorámica de la mansión de Goteflor. Aquel campamento estaba lo suficientemente cerca como para tener una buena visión, pero también alejado lo suficiente para así pasar inadvertidos para los inquilinos del palacio.

La mansión de Goteflor era un palacete apenas visible desde fuera del recinto, situado en medio de un vergel con miles de hectáreas de frutas y verduras. Pero parecía impenetrable: Muros y verja con alambres, perros, videocámaras, guardia personal privada... ¡Más que una casa era un fortín!

- ¡Ahí no vamos a poder entrar! - sentenció Víctor.

Yo estaba de acuerdo.