Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

viernes, 30 de mayo de 2014

La muerte de Ishtar. Capítulo 3.2.

Flavio Gregorio se despertó mientras le atendía la hija del tabernero y la meretriz castaña. Le habían lavado y vendado la herida. El tabernero no quería más problemas de los que ya tenía.

- Selene es una salvaje - le dijo la hija del tabernero mientras le daba un poco de vino al soldado -. Mi padre le pide disculpas por lo acontecido.

Gregorio apartó a la muchacha y bebió un gran trago de vino de una jarra que el tabernero había dejado allí a propósito.

- Selene, eh? - dónde puedo encontrarla.
- Se habrá refugiado con los suyos en el interior. Es una maldita pagana.

La prostituta castaña parecía ansiosa de satisfacer a Gregorio. El soldado pensó que debía sentirse resentida con su compañera o por el lío que había creado, o incluso por no haber sido ella misma la que le había robado el torque de oro.

¡Aun no lo había vendido! Era curioso. Y una oportunidad para recuperar la pieza sin la cual difícilmente podría volver a presentarse en Constantinopla... sobre todo si fracasaba en la misión.

El soldado se sentía humillado. En Constantinopla era un gran soldado, digno de la Corte, servicial, bello, campeón con las mujeres y envidiado por sus inferiores. Pero ahora... Ese maldito viaje le estaba destruyendo. No quedaba ningún resquicio de su verdadero yo y todo lo que sentía era ruina y vacío. Y el vino no llenaba ese vacío como antaño. Todo iba mal desde su primer encuentro con el maldito Antíoco. Estaba convencido de que el agente imperial era realmente algún tipo de mago oscuro, un nigromante o un astrólogo caldeo que le había echado una maldición o un mal de ojos. 

Odiaba a Antíoco; odiaba a esa maldita puta que le estaba atendiendo, y la odiaba tanto como a la otra puta, la ladrona Selene que le había robado el torque. Se odiaba a sí mismo. Y entonces llegaba la ira. La misma ira que provocó la muerte de inocentes en Sicilia y que le obligó a abandonar la isla apresuradamente. Y ahora, si no quería que la ira se apoderara una vez más de su alma y lo llevara camino a la perdición, tenía que irse ya de allí. Así que apuró la jarra de vino y salió de la taberna sin decir nada más.

Pero lo que vio fuera le asustó.

Una columna de humo podía verse en todo el horizonte. ¡Un gran incendio! Y apuntaba hacia el monasterio de las monjas. Gregorio se temía lo peor. Su misión definitivamente zozobraba. Pensó en que el duque Argento había actuado sin ningún miramiento. Antíoco le había avisado, pero nunca hubiera pensado que Argento llegarían a ordenar la destrucción de un lugar sagrado. Gregorio hecho de menos su magnífico caballo y corrió en dirección al humo.