Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Jaime. El obrero 4.1

El miedo y la adrenalina te impiden pensar. Sólo actúas. ¡Basta de romanticismos y falsas visiones heroicas! Lo primero que le pasó a Nick nada más salir a la acción fue que se cagó encima. Era una misión en teoría sencilla: patrullar por las ruinas de Kergston, una lejana barriada de Caledon destruida por la artillería fascista. Las tropas avanzadas habían divisado movimiento enemigo cerca de las ruinas. Inteligencia sospechaba de que podría ser la punta de lanza de una ofensiva definitiva contra la capital. Pero ellos sólo tenían que patrullar y si veían algo sospechoso informar y replegarse. Punto. En principio ni siquiera abrirían fuego. Solo observar, informar y volver.

Las ruinas, no obstante, eran peligrosas. Podían dar con algún explosivo que no hubiese detonado. Sin contar con que el enemigo hiciera alguna acción parecida y sufrieran una emboscada de soldados más experimentados.

Iban cuatro soldados: Fred, robusto y barbudo; Alan, negro como el carbón y muy veloz; Roderforg, el más veterano, ex-regular y por último Nick. Se sentía el más inútil: no era robusto, no era veloz, no tenía experiencia. Avanzaban con sus viejos fusiles encabezados por Rodenforg que vigilaba periódicamente con unos prismáticos también viejos y con mala óptica. Fred llevaba la radio. La primera media hora fue completamente silenciosa. No se atrevían a decir nada por si el enemigo estaba allí escuchando. A los cuarenta minutos Fred y Alan estaban más confiados.

- ¡Aquí no hay ni un alma! - exclamó Alan.

Rodenforg estaba enojado. En la milicia de Jaime la graduación era laxa, pero él hacía las veces de soldado. Se consideraba degradado por encabezar una misión así y con esos tres nuevos milicianos. Un cagado de miedo, por Nick, y dos viejas cotorras, por Fred y Alan.

- Nos sacaron a pasear porque el comandante se quiere follar a tu Catherin - le dijo burlón Fred a Alan. Catherin era una miliciana objeto de deseo de muchos. Era valiente y disciplinada y pasaba de los ofrecimientos de la tropa masculina.
- A Catherin aun le falta probar el solomillo negro de New Haven. ¡Cuándo lo haga no querrá otra cosa!
- Tu solomillo se pudrirá en estas ruinas.
-¡Silencio! - ordenó enojado Rodenforg -. ¡Me sacáis de...!

¡Boom!

Una tremenda explosión terminó con Rodenforg repartido por todo el área. Distraído había pisado algún tipo de explosivo. Sus vísceras y restos salpicaron a los tres reclutas que sin orden ni concierto corrieron a esconderse detrás de un muro medio derruido. Nick no pudo evitar vomitar mientras se quitaba los restos de Rodenforg de encima. Alan no dejaba de gritar "¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!"

- ¡Silencio! - dijo Fred llevándose el dedo índice a la boca.

Los tres permanecieron mudos. La explosión había despertado dos sonidos: el llanto de un niño por un lado pero por otro lado unas voces adultas hablando en un idioma extranjero. ¡Fascistas!