Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo 11 La Amante

11. LA AMANTE

11.1

Continúa la carta de Helena:
LLEGADOS A ESTE PUNTO, CREO QUE DEBO MOSTRARTE MI OSCURIDAD. MI GRAN MANCHA QUE ME HA MARCADO Y ME HA CONVERTIDO EN UN MONSTRUO. TÚ ME HAS DADO UN SENTIDO, UN MOTIVO PARA LUCHAR POR MI SALVACIÓN, PERO LA MANCHA SIGUE DENTRO DE MÍ. NO HAY JUSTIFICACIÓN, NI ESCUSA POR LO QUE HICE, POR LO QUE SOY.
NO SIEMPRE FUE ASÍ.
FUI NIÑA COMO TÚ. AMADA Y BIEN AMADA POR UNA FAMILIA CARIÑOSA. NACÍ CIEGA. EN CÁLEDON. MIS PADRES ERAN EMIGRANTES. TENÍA -HABLO EN PASADO-, TENÍA CUATRO HERMANOS, DOS CHICAS Y DOS CHICOS. YO ERA LA SEGUNDA. MI HERMANO MAYOR JUAN, MIS HERMANOS PEQUEÑOS ANA, LAURA, PEDRO. PEDRO ERA UN BEBÉ CUANDO PASÓ TODO. NACÍ CIEGA. Y AUNQUE MIS PADRES ERAN POBRES, AUNQUE TENÍAN QUE TRABAJAR LOS DOS PARA SACARNOS ADELANTE, PESE A QUE VIVÍAN UNA VIDA QUE LES EMBRUTECÍA, ME QUERÍAN Y ME CUIDARON, AUN CUANDO YO REQUERÍA MÁS CUIDADOS, MÁS ATENCIÓN QUE MIS HERMANOS. NACÍ CIEGA, PERO COMPENSABA LA NATURALEZA MI CUERPO CON GRANDES VIRTUDES QUE FUI DESCUBRIENDO: SENTIDOS PODEROSOS, EL OÍDO, EL OLFATO, EL GUSTO Y EL TACTO. MAYORES, CREO YO, QUE LOS SENTIDOS DE OTROS CIEGOS. Y MUCHA AGILIDAD... AHORA CERCA DE LA TREINTENA ME SIENTO OXIDADA. TE PREGUNTARÁS CÓMO ERA CUANDO NO LO ESTABA: ERA UNA GACELA, ERA UNA GATA, ERA MUY VALIENTE Y ATREVIDA... NO ME IMPORTABA SER CIEGA. ¿HAS VISTO ALGÚN CIEGO SUBIDO A UN ÁRBOL? ¿HAS VISTO A CIEGOS ESCALAR ROCAS? MIS PADRES TAMPOCO, Y SE PREOCUPABAN ENORMEMENTE CUANDO LO HACÍA.

POR ENTONCES YA HABÍA ESCUELAS ESPECIALES PARA NIÑOS CIEGOS, PERO NO TENÍAMOS DINERO PARA COSTEARME UNA PLAZA. ERAN CARAS Y NOSOTROS ÉRAMOS MUCHAS BOCAS PARA ALIMENTAR, Y MIS PADRES TRABAJABAN EN LO QUE PODÍAN, MI MADRE LIMPIANDO CASAS, MI PADRE EN LA CONSTRUCCIÓN. MIS PADRES SUFRÍAN, QUERÍAN QUE APRENDIERA A LEER EL LENGUAJE DE LOS CIEGOS, QUE APRENDIERA A ESCRIBIR, QUE RECIBIERA UNA CULTURA... JUAN, MI HERMANO MAYOR, SIEMPRE ME AYUDABA, ME EXPLICABA LO QUE ÉL APRENDÍA EN LA ESCUELA Y ME ENSEÑÓ A ESCRIBIR COMO LO HACÉIS VOSOTROS LOS VIDENTES. A ÉL LE DEBO QUE PUEDA ESCRIBIRTE ESTA CARTA AUNQUE SÓLO PUEDA SER EN MAYÚSCULAS. YO, QUE ERA MUY CURIOSA, CUANDO PODÍA ME ESCAPABA DE CASA Y TRATABA DE APRENDER, DE OÍR, DE TOCAR, ESCUCHAR CON ATENCIÓN, PALPAR Y CONOCER...
¡NO PIENSES QUE TUVE UNA INFANCIA TRISTE! NO LA RECUERDO ASÍ. LA RECUERDO COMO ALGO LEJANO PERO FELIZ. Y LLEGADA LA ADOLESCENCIA, LLEVABA EL HIYAB, PERO ¡VAYA SI DISFRUTE! CUIDABA DE MIS HERMANOS PEQUEÑOS, PERO EN CUANTO PODÍA SALÍA DE FIESTA, LA MÚSICA ME ENCANTABA, EL RITMO, CONOCÍ A CHICOS - SÍ, LO RECONOZCO, ME GUSTABAN LOS CHICOS, LA PIEL MÁS DURA, EL VELLO DEL PECHO -AUNQUE EN AQUELLAS EDADES, POCOS TENÍAN VELLO-, EL ROCE ÁSPERO DE LA BARBA AFEITADA Y SUS OLORES MÁS INTENSOS... -. ENTONCES TODO ERA DISTINTO, ERA OTRA VIDA. TÚ ME DESPERTASTE A OTRA DIFERENTE, TRAS UNA LARGA PESADILLA.
LA GUERRA EMPEZÓ CUANDO TENÍA DIECISÉIS, EN PLENA ADOLESCENCIA. JUAN FUE LLAMADO A FILAS. PEDRO AÚN NO HABÍA NACIDO. LOS FASCISTAS BOMBARDEARON CÁLEDON. NOS REFUGIÁBAMOS EN UN SÓTANO CON MÁS VECINOS. EL MIEDO ERA INTENSO. YO LO LLEVABA MEJOR. SABÍA CUANDO LAS BOMBAS ERAN MÁS O MENOS LEJANAS, MEJOR QUE MI FAMILIA Y VECINOS, Y LA OSCURIDAD DEL REFUGIO NO ERA DIFERENTE QUE LA OSCURIDAD DE TODA MI VIDA. SIN LUZ YO TENÍA VENTAJA. 
POCO DESPUÉS SUPIMOS QUE MI HERMANO MAYOR HABÍA MUERTO EN UNA BATALLA CONTRA LOS FASCISTAS. MI PADRE MALDIJO A LA REPÚBLICA, A LOS FASCISTAS, A TODO EL MUNDO. ÉL AMABA LA PAZ, AMABA A SU FAMILIA, SÓLO QUERÍA TRABAJO Y PAZ. LA GUERRA LE DESTRUÍA POR DENTRO. MIENTRAS, EL DESCONTENTO EN LA CIUDAD SE INCREMENTABA. HUBO MOTINES EN CÁLEDON Y MIENTRAS QUE EL GOBIERNO ACUSABA A LOS BOLCHEVIQUES DEL CC DE, CON SU INACCIÓN, PERMITIR LA VICTORIA FASCISTA, SECTORES DESESPERADOS DE LA POBLACIÓN DE LA CIUDAD OFRECÍAN LA CABEZA DE LOS SEMITAS PARA CALMAR LA SED DE SANGRE DE LOS FASCISTAS. HUBO POGROMOS. COMO LO QUE VIMOS EN NEW HAVEN, PERO EN LOS BARRIOS OBREROS DE CÁLEDON. LOS HIJOS DE LOS SEÑORITOS BAJABAN A NUESTROS BARRIOS CON ANTORCHAS Y BATES DE BEISBOL Y ATACABAN A LOS SEMITAS, ORIENTALES Y NEGROS QUE VEÍAN, PERO SOBRE TODO A LOS SEMITAS.
MI FAMILIA ESTABA MUY PREOCUPADA. MI MADRE ESTABA YA ENTONCES EMBARAZADA DE PEDRO ASÍ QUE MI PADRE ACEPTÓ EL OFRECIMIENTO DE LOS JEFES DE MI MADRE DE ALOJARNOS DURANTE UN TIEMPO EN SU CASA DE CAMPO. ELLOS NOS MANTENDRÍAN A CAMBIO DE QUE CUIDÁRAMOS DE LA CASA, LOS ANIMALES, LOS HUERTOS... ALLÍ FUIMOS. NOS ALEJAMOS DE CÁLEDON Y NOS OCULTAMOS EN UNA HERMOSA CASA, ALEJADA DE LOS BOMBARDEOS FASCISTAS Y DEL ODIO SECTARIO. O ESO CREÍAMOS. ALLÍ LLEVAMOS TAMBIÉN AL PROMETIDO DE MI HERMANA ANA, CLAUS, DEL QUE PRONTO SUPIMOS, ERA UN SIMPATIZANTE BOLCHEVIQUE, DE LA FACCIÓN DE JAIME, QUE NO PUDO IR A LUCHAR POR SU COJERA CRÓNICA. 
TÚ LUCHABAS EN EL FRENTE JUNTO A JAIME Y NO LO SABES, PERO ANTES DE QUE TERMINARA LA GUERRA ANTIFASCISTA, EL GOBIERNO YA COMENZABA A ENTRENAR LO QUE MÁS ADELANTE SERÍAN LAS BAB. ENTONCES AÚN NO TENÍAN NOMBRE, SÓLO BRIGADAS ESPECIALES, Y TUVIMOS LA DESGRACIA DE QUE CERCA DE LA CASA DE CAMPO HABÍA UN PALACETE DONDE, DE MANERA SECRETA, SE ENTRENABA A LOS PRIMEROS MIEMBROS DE ESTAS BRIGADAS. SAÚL ERA ENTONCES UN JOVEN ATRACTIVO, DE PIEL DURA, ROCE ÁSPERO, OLORES INTENSOS... Y UNA VOZ QUE SUSURRABA COMO UNA SERPIENTE, PERO QUE ERA CAPAZ DE ABRIR EL CORAZÓN DE MUCHAS MUCHACHAS COMO YO.
 ÉL ME CONOCIÓ EN EL BOSQUE QUE RODEABA NUESTRA CASA, SUBIDA A UN ÁRBOL, Y LE LLAMÉ LA ATENCIÓN. ME CORTEJÓ. NO SÉ SI POR INTERÉS SEXUAL O POR ALGUNA OTRA RAZÓN. ME QUITÉ EL HIYAB ANTE ÉL. ME POSEYÓ. ME ENAMORÓ. Y FUI HABLANDO Y CONFESANDO... QUE EL PROMETIDO DE MI HERMANA ERA BOLCHEVIQUE -YO NO DISTINGUÍA ENTONCES ENTRE SIMPATIZANTES Y MILITANTES-, QUE MI PADRE ECHABA PESTES DE LA REPÚBLICA Y ACUSABA AL GOBIERNO DE FOMENTAR LOS POGROMOS... Y DE MIS HABILIDADES, DE LO QUE ERA CAPAZ DE HACER.
DURANTE UN TIEMPO SAÚL Y SU UNIDAD SE FUERON. IBAN A LUCHAR A LA GUERRA. VOLVIÓ CAMBIADO, MÁS DURO, MÁS INTENSO. ME CONTÓ QUE HABÍA MATADO A HOMBRES Y MUJERES. ME CONFESÓ QUE LE HABÍA GUSTADO Y QUE QUERÍA MATAR A ALGUIEN CONMIGO PARA QUE YO LO PROBARA. YO AL PRINCIPIÓ REHUÍ ESE OFRECIMIENTO, PRIMERO ME LO TOMÉ EN BROMA, LUEGO ME ASUSTÓ Y ME ALEJÉ DE ÉL POR UN TIEMPO. PERO ME ATRAÍA, ESTABA ENAMORADA. DURANTE SU PASO POR LA GUERRA CADA NOCHE LE HABÍA LLORADO Y HABÍA REZADO PORQUE VOLVIERA CON VIDA. AHORA LO TENÍA A MI LADO, PERO ERA UN SAÚL MÁS OSCURO.
AL FINAL NO ME PUDE RESISTIR. QUEDAMOS UNA NOCHE EN LAS AFUERAS DE CÁLEDON. ME INDICÓ A UN ESPÍA BOLCHEVIQUE QUE SEGÚN ÉL, PASABA INFORMACIÓN A LOS FASCISTAS. LE SORPRENDIÓ MI MANERA SIGILOSA DE MOVERME. ME PUDE SITUAR DETRÁS DE MI VÍCTIMA SIN QUE ME ESCUCHARA Y TAL Y COMO ME HABÍA EXPLICADO, LE MATÉ CON MIS PROPIAS MANOS. NOTÉ SU SANGRE EN MI CARA, CALIENTE, ESPESA, Y LE ESCUCHÉ GEMIR, Y PEDIR PERDÓN. ESCUCHÉ A SAÚL REÍRSE. Y ME GUSTÓ COMPLACER A MI AMANTE.
ASÍ ESTUVIMOS HASTA QUE CONCLUYÓ LA GUERRA. ÉL ME OFRECÍA ENTRENAMIENTO PARA MIS HABILIDADES. DESCUIDABA MIS TAREAS Y MI FAMILIA SE PREOCUPABA PORQUE DECÍAN QUE ERA MÁS SOLITARIA, MÁS TRISTE, MÁS SECA Y ALEJADA DE AQUELLOS QUE ME QUERÍAN. PERO YO SÓLO QUERÍA A SAÚL Y SÓLO ME SENTÍA A GUSTO DESARROLLANDO MIS HABILIDADES, PROBANDO COMO SIENDO CIEGA ERA CAPAZ DE HACER COSAS QUE HOMBRES NORMALES NO PODÍAN. UNA VEZ, PASEANDO CON SAÚL POR CÁLEDON, UN ESTÚPIDO RACISTA ME INSULTÓ: SEMITA Y CIEGA. POBRECITA CIEGA, SE APIADÓ UNA MUJER CERCA DE LA ESCENA. MATÉ A LOS DOS. SIN PENSARLO, SIN REMORDIMIENTOS. A UNO, POR SER UN CERDO. A LA MUJER, POR APIADARSE DE MÍ. NO DISFRUTABA MATANDO, PERO DISFRUTABA NOTANDO LA APROBACIÓN DE SAÚL.
TERMINÓ LA GUERRA ANTIFASCISTA. MI FAMILIA SE PREPARABA PARA VOLVER A CÁLEDON, ME SEPARABAN DE SAÚL Y YO NO LO QUERÍA. LO QUE NO SABÍAMOS ES QUE EN SECRETO, COMENZABA LA GUERRA CIVIL. SAÚL TENÍA ÓRDENES PRECISAS: HABÍA QUE ANIQUILAR A LOS BOLCHEVIQUES. ESO INCLUÍA AL MARIDO -YA ENTONCES MARIDO- DE MI HERMANA, CLAUS, PERO NO SÓLO A ÉL.
SAÚL ME PRESENTÓ SUPUESTAS PRUEBAS QUE DEMOSTRABAN QUE CLAUS, JUNTO A MI PADRE, CONSPIRABA CON JAIME PARA DAR UN GOLPE DE ESTADO Y DERROCAR LA REPÚBLICA. ¡MI PADRE BOLCHEVIQUE! SABÍA QUE ERA MENTIRA, LO SABÍA, PERO NO ME IMPORTÓ. O NO QUISE QUE ME IMPORTARA. ME LO ORDENABA SAÚL. Y MIS PADRES ME QUERÍAN SEPARAR DE ÉL.
ACUDÍ A LA CASA DE CAMPO JUNTO A SAÚL Y OTROS DOS SOLDADOS Y ALLÍ, DELANTE DE TODOS, ACUSÉ A MI PADRE Y A MI CUÑADO DE TRAICIÓN, DE BOLCHEVISMO. MI MADRE NO SE LO PODÍA CREER. SUJETANDO AL BEBÉ PEDRO, INCAPAZ DE COMPRENDER POR QUÉ YO ACTUABA ASÍ, MI MADRE GRITÓ COMO UNA LOCA. ME INSULTÓ. "¡MALDITO EL DÍA QUE TE DI A LUZ!" SE ABALANZÓ SOBRE MÍ. LA ABOFETEÉ Y LA EMPUJÉ CONTRA UNA PARED. EL BEBÉ CAYÓ AL SUELO. LLORABA Y GRITABA SIN PARAR. LA SITUACIÓN ME ESTABA PROVOCANDO UN TERRIBLE DOLOR DE CABEZA, NUNCA TAN INTENSO. QUERÍA ACABAR CON TODO AQUELLO. EL MARIDO DE ANA SE ABALANZÓ SOBRE UNO DE LOS SOLDADOS TRATANDO DE ESCAPAR. "¡CERDO!", PENSÉ AL ESCUCHARLE. LOS SOLDADOS LE GOLPEARON Y LO EMPUJARON. MIS HERMANAS TAMBIÉN LLORABAN. SAÚL ME ENTREGÓ UNA PISTOLA. ME DIJO QUE TENÍA QUE HACERLO YO. ACERCÓ SUS LABIOS A MIS OÍDOS Y ME SUSURRÓ: ME DIJO QUE TENÍA QUE SER YO, QUE SI LO HACÍA, LA SANGRE DERRAMADA SERÍA NUESTRO VÍNCULO. PERO TAMBIÉN ME DIJO: SI NO LES MATAS TÚ, SABRÁS, SENTIRÁS COMO MUEREN Y LUEGO TÚ LES ACOMPAÑARÁS.
YO LES QUERÍA. YO LES QUERÍA.
 (En el papel de la carta hay varias manchas provocadas por gotas, seguramente, lágrimas, así como tinta corrida)
¿CÓMO PUDE HACER ALGO ASÍ? ESE DÍA TENÍA QUE HABER MUERTO. TENÍA QUE HABER DEFENDIDO A LOS MÍOS CON LAS HABILIDADES QUE HABÍA APRENDIDO. HABERLES DEFENDIDO Y HABER MUERTO EN EL INTENTO. PERO NO... ME PUSE A LLORAR. ¿CÓMO PODÍA SER TAN TONTA? ¿NO ME IMAGINABA COMO IBA A TERMINAR TODO AQUELLO?
 DISPARÉ A MI PADRE.
 DISPARÉ A MI CUÑADO.
PERO SAÚL QUERÍA MÁS. "QUIERO QUE SEAS MI CÓMPLICE. QUE TE UNA A MÍ LA MAYOR BRUTALIDAD QUE UN SER HUMANO PUEDE COMETER". PIDIÓ A LOS OTROS SOLDADOS QUE SALIERAN. NOS QUEDAMOS ALLÍ SAÚL Y YO, MIS DOS HERMANAS, MI MADRE Y SU BEBÉ. SAÚL DESENFUNDÓ UNA ESPADA QUE SIEMPRE LLEVABA CONSIGO. ME LA ENTREGÓ. NO HIZO FALTA QUE ME INDICARA QUÉ TENÍA QUE HACER. LES CLAVÉ LA ESPADA A MI MADRE Y A MIS HERMANAS. EN CUANTO AL BEBÉ... FUE LO MÁS HORRIBLE. SAÚL LO COGIÓ DEL SUELO, ME LO ENTREGÓ Y ME ORDENÓ QUE LO APLASTARA CON MIS MANOS. "¡PERO ES UN BEBÉ!" OÍ COMO DESENFUNDABA SU PISTOLA Y APOYÓ SU CAÑÓN SOBRE MI CABEZA. LE OBEDECÍ. NOTÉ EL CRUJIR DEL CRÁNEO Y COMO CESABAN LOS LLANTOS DEL NIÑO. MIS MANOS SE EMBADURNARON DE UNA MASA VISCOSA. VOMITÉ. VOMITÉ UNA Y OTRA VEZ MIENTRAS CAÍA A LOS PIES DE SAÚL. "YA ESTÁS PREPARADA", ME SUSURRÓ. ME AYUDÓ A INCORPORARME, ME LIMPIÓ LA CARA CON UN PAÑUELO Y ME SACÓ DE AQUELLA CASA. ESCUCHÉ COMO LES ORDENABA A LOS OTROS SOLDADOS QUE LO QUEMARAN TODO. 
YA NO PODÍA ABANDONARLO. DESPUÉS DE LO QUE ME HABÍA OBLIGADO A HACER... YA NO PODÍA ABANDONARLO. ERA SUYA. ERA SU ESCLAVA. ERA SU ASESINA. YA NO HABÍA NADA MÁS ENTRE NOSOTROS. YA NO NECESITABA MIS SERVICIOS EN LA CAMA. SÓLO MIS HABILIDADES COMO ASESINA. TAMPOCO YO ERA ESTRICTAMENTE UNA BAB, YO ESTABA BAJO EL SERVICIO PERSONAL DE SAÚL.
SAÚL FUE ASCENDIENDO. SU AMBICIÓN NO TIENE LÍMITES. YO NO HE SEGUIDO LAS INTRIGAS POLÍTICAS QUE LE HAN LLEVADO A LA CIMA. SÍ HE ELIMINADO A RIVALES SUYOS, OBSTÁCULOS DE LA CADENA DE MANDO PARA ASCENDER. UN DÍA ME EXPLICÓ QUE DONDE ÉL ESTABA, NO SÓLO SE REQUERÍAN BUENOS ASESINOS, SINO TAMBIÉN BUENOS POLÍTICOS Y BUENOS CONTACTOS. ME DIJO QUE ERA EL FAVORITO DEL NÚMERO 1, NO SÉ A QUIÉN SE REFERÍA. SU ÚLTIMO RIVAL LO ELIMINÓ SIN MI AYUDA. SÓLO MEDIANTE INTRIGAS. AHORA ES EL MÁXIMO PODER DENTRO DEL MINISTERIO ESPECIAL DE PACIFICACIÓN. PERO NO POR ELLO HA DEJADO DE UTILIZAR MIS SERVICIOS, COMO HAS PODIDO COMPROBAR. 
NO HA HABIDO DESCANSO EN MI VIDA, EXILIADA... SI A LO QUE HUBO DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI FAMILIA SE PUEDE LLAMAR VIVIR. PERO NO ERA CONSCIENTE DE LO VACÍA Y LAMENTABLE QUE ERA MI EXISTENCIA HASTA QUE TE CONOCÍ. LLEVABA TIEMPO PLANEANDO ALGUNA MANERA DE VENGARME DE SAÚL. CREO QUE TENÍA ESE DESEO DESDE EL MISMO INSTANTE EN QUE ME ORDENÓ ACABAR CON MI FAMILIA. PERO TÚ ME ENSEÑASTE A VOLVER A AMAR. ¡HA SIDO TODO TAN RÁPIDO! ¿CÓMO ES POSIBLE? ¿QUÉ HAS VISTO EN MÍ? ¿QUÉ HE SENTIDO EN TI? TODO HA CAMBIADO.
 NO LOGRARÉ ELIMINAR MI MANCHA HASTA QUE YO NO HAYA MUERTO. LO SÉ. PERO ME GUSTARÍA PENSAR QUE MORIRÉ HONRANDO A MI FAMILIA. ME GUSTARÍA PENSAR QUE SERÉ CAPAZ DE CONSEGUIR SU PERDÓN SI ACTÚO DE MANERA CORRECTA. CREO, Y SINCERAMENTE TE LO DIJO, QUE ESO PASA POR SALVARTE, POR AYUDARTE, POR TU VICTORIA Y LA DERROTA DE MI AMO. SÍ, SIGUE SIENDO MI AMO... PERO TÚ ME HAS LIBERADO. 
Y AHORA CORRO A LIBERARTE A TI
TE AMO.  
Fin de la carta de Helena.

11.2

Lo siguiente que recuerdo son flashes... momentos que parecen sueños. Imágenes que se entremezclan. Me parece ver al coronel Saúl sonriendo, pero lo veo borroso. 
Me trasladan a algún lado. No estoy muerta. Eso es lo importante. Creía que me moría. Creía que era un veneno lo que nos habían dado. Me llevan en una camilla. ¿Y Pablo y Cayo? ¿Y Helena? Me pareció verla en el Salón del Trono, junto a Saúl. Sí, era ella. 
Es de noche... o al menos está todo oscuro.
Me despierta una sensación agradable. Noto una presencia que se acerca, escucho su respiración. Se acerca. Un aroma. Lo reconozco. No veo nada. Todo está muy oscuro.
Sus manos, tocan mi piel. Ella retira la sábana que me cubre. Noto esas manos acariciándome primero la cara, el dorso de mis brazos, mi cabello, luego mis pechos. No me resisto. Mi cuerpo reacciona, me excito. Conozco ese aroma, reconozco esas manos. Las manos bajan hasta mis piernas y mi piel se vuelve de gallina. Desabrochan mi ropa, abren mi blusa, botón a botón y desabrochan mi pantalón. Yo les ayudo: Me quito el sostén. Entonces un cuerpo desnudo, muy femenino, se tumba, primero a mi lado, luego encima. Acaricio su piel tan suave. Siento su pulso, los latidos de su corazón. Ella recorre mi cuerpo con sus manos. Noto su respiración, su aliento en mi cara. Me besa. Sus labios son dulces.
No veo nada, no necesito ver nada. Es Helena quién está conmigo.
Acaricio sus cabellos. Nos besamos como si nunca lo hubiéramos hecho. Minutos que parecen segundos intensos e inolvidables. Ella no deja de acariciarme, los brazos, los hombros, la cara, los pechos, la barriga..., la entrepierna, se va abriendo camino. La noto. Disfruto. Recorro su espalda con mis manos. Ahora deja de besarme en la boca. Sus labios bajan a mi barbilla, recorren mi cuello, pequeños besos, pequeños mordiscos... Helena sigue bajando, sus labios están ahora sobre mis pechos. Cuánto disfruto. Y sigue bajando. Ya no hay vuelta atrás. La sujeto con mis piernas. Me escucho gemir, muy suave porque no pueden descubrirnos. Con las manos agarro con fuerza sus cabellos, tiro y me retuerzo.
Hicimos el amor. Disfruté como hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Sentí, gocé como hacía años y años.
En las bacanales del exilio había más sexo, había más más lujuria... Pero aquí, esta noche, había sentimiento, había amor y pasión. Mis ojos no veían y el resto de mis sentidos trabajaban a pleno rendimiento. Tenía que retroceder a mi primera experiencia con una mujer, mi primer encuentro real, verdadero, para sentir algo así, algo como lo que sentí aquel momento.
¿Cuánto tiempo estuvimos juntas? No lo sé... ¿Estuvimos juntas? Eso creo. ¿Y si era efecto de la droga que nos habían dado? ¿Realmente Helena había entrado en mi celda, me había quitado la ropa, había hecho el amor conmigo? Noté mis braguitas, estaban húmedas. ¿Lo había soñado? No era posible: Era real... ¿o no? No lo sé... pero para mí era real, completamente real, al menos así lo había sentido. Había hecho el amor con Helena, un amor con una pasión, con un deseo, con una ternura... Era todo amor. Ella necesitaba darme tanto amor y yo traté de corresponderla. Ella era real. Todo era real. Estaba segura de ello.
Me desperté.
No sé cuánto tiempo había pasado. No sé dónde estaba. No estaba en ninguna cama. Estaba esposada, sentada en una silla. Me costó mirar a mí alrededor. Piedra. Oscura. Una mesa delante de mí. Papeles. Alguien leyéndolos. Estoy mareada. Trato de concentrarme.
- Exiliada. Buenos días.
Un susurro. Un susurro masculino.
El coronel Saúl.

11.3

- Conocida como la Exiliada.
El coronel Saúl leía unos papeles, unos informes, apoyado contra el respaldo de su silla. Estaba en una sala de piedra, con una pequeña ventana que daba al exterior y por la que entraba un poco de luz natural. Detrás de él pude distinguir a Helena. ¡Helena! Estaba seria. Parecía ignorarme.
- Autoexiliada al finalizar la guerra antifascista en la que serviste con el traidor Jaime - Saúl seguía leyendo el informe-. Te conocían como "La Leona" o "Leona" a secas. Dirigiste un importante batallón miliciano con el rango de "capitana", aunque hacías las veces de general. Tenías fama de gran luchadora, dura con tus hombres, pero también carismática: muy capacitada para crear y organizar grupos. Se desconocen las causas de tu ruptura con Jame, así como tu marcha al exilio.
Mi cabeza estaba en otra parte. Mareada, confusa, no dejaba de mirar a Helena, ella completamente al margen de todo. ¿Qué había pasado? Recordaba el búnker en Vancouver, lleno de cadáveres putrefactos… luego el Salón del Trono del Palacio del Teócrata... Me habían drogado. Pensaba que lo que nos había enfermado era la peste del bunker. Ahora entendía que había sido el agua que nos dio el supuesto estudiante de las ruinas.
- También se desconoce el motivo de tu regreso, aunque has estado en contacto con antiguos dirigentes de la mayoría del CC en Cáledon, New Haven, Davenport, Tímberlane y Vancouver. Corrección: Lo intentaste en Vancouver.
Marian. Muerta. Asesinada. Volví a fijarme en Helena. No me prestaba atención, parecía otra, una esclava de Saúl.
- Tu verdadero nombre está clasificado. Creemos que por tu origen es un apellido común entre los esclavos emancipados en las Colonias y un nombre muy probablemente asociado al pasado revolucionario del movimiento obrero. Nuestras fuentes piensan que tu nombre real es, posiblemente, Alba Libertad. Un apellido de esclavos liberados y un nombre de una revolucionaria, asociada a una vieja canción de “rojos”. Tu clandestinidad desde joven salvó a tus padres, si aún viven. No obstante sí sabemos que eres de alguno de los pueblos que rodean New Haven, de origen jornalero, segunda generación emigrante de las Colonias. Orientación sexual: homosexual. ¡Eres boyera!
¿Había soñado hacer el amor con Helena? ¿Era efecto de las drogas? ¿Era real? ¡Me había parecido tan real! ¡Me había gustado tanto! ¡Helena! ¡No! ¡Te amo! ¡Yo también estoy enamorada de ti!
- Militas desde los 15 años en el Partido Bolchevique siendo muy pronto liberada juvenil. Destacabas mucho y tus superiores planeaban ascenderte al CC y traerte a Cáledon – ¡Traerte en vez de llevarte! ¿Estaríamos de vuelta en Cáledon?-. Tu principal motivación para seguir a Jaime era la ambición y la sed de acción. Eso supuso la ruptura de tu relación sentimental con Verónica Laera, dirigente de la Ejecutiva Nacional Bolchevique. Ves que lo sabemos casi todo de ti.
Dime que la pasada noche, que cuando hicimos el amor, cuando me acariciaste... ¡Dime que todo eso fue real! Dime que no lo he soñado, aunque sea lo último que oiga antes de dejar este mundo...
- Te seré sincero, Exiliada, Leona o Alba, ¡cómo prefieras! No vas a salir de aquí con vida. De tu actitud dependerá que tú y tus amigos sufráis más o menos. Depende de ti... Y de tu colaboración.

11.4

- Primero te daré la oportunidad de que me expliques lo que quiero saber por las buenas -continuó Saúl con sus susurros-. ¿Dónde está Jaime?
¿Dónde está Jaime? ¿Eso es lo que querían saber de mí? ¿El paradero de Jaime?
- ¡No lo sé! - respondí, y era la verdad. Saúl no dijo nada, no hizo ningún gesto...
- ¿Seguro que no lo sabes? ¿No está él implicado en la desestabilización de Sumailati, una de las potencias fascistas? ¿No te envió aquí para reconstruir el Partido?
- No lo sé y ¡no!
- ¿Y por qué estás aquí, por qué has vuelto del exilio?
No importaba que yo le dijera la verdad, que en el exilio me encontraba vacía y todo eso. El coronel Saúl tenía un esquema prefijado y daba igual lo que yo le explicara.
- Volví a la República para que movieras el culo, es que te he visto algo gordo últimamente.
Saúl me dedicó una leve y cínica sonrisa.
- ¡Helena! - ordenó el coronel.
Helena se aproximó y me golpeó en la cara con su bastón. Del golpe me tiró al suelo, junto a la silla -aparte de esposada, estaba atada a la silla-. Me hizo daño. Levantó la silla y a mí con ella y me golpeó en la cara con la mano. No podía creerlo. No de ella. Me pareció ver salir de su ojo una lágrima cuando me golpeaba... O eso quise creer. Me golpeó varias veces y me dejó sangrando por la nariz y con el labio reventado. Mis lágrimas se mezclaron con el sabor metálico de mi propia sangre.
- ¿Dónde está Jaime? - volvió a preguntar Saúl con el mismo susurro tranquilo, casi dulce, con el que me interrogó la primera vez.
- ¡Que te den por el culo! - le grité.
El coronel volvió a sonreír, e inmediatamente Helena volvió a golpearme con el bastón, pero esta vez en el pecho, un único golpe tan fuerte que una vez más me tiró al suelo. Y esta vez, sin levantarme, me propinó varias patadas al estómago.
- Si no lo haces por ti -volvió a la carga Saúl-, ¿por tus amigos?
El coronel apretó un botón de su mesa y una de las paredes de la habitación resultó ser corredera. Tras ella aparecieron Pablo y Cayo, los dos sentados y amarrados a lo que parecían dos sillas eléctricas.
- Laso Ludovico, nada más y nada menos que un desertor de las BAB y Cayo Cneo, uno de los ex-dirigentes bolcheviques.
Saúl dio la señal a un agente que accionó los controles de las sillas eléctricas. Giré como pude la cabeza para ver y, efectivamente, los cuerpos de Pablo y Cayo se retorcieron tras una descarga que rodeo a mis amigos de eléctricos rayos azules. El sonido era como de un tremendo cortocircuito y dejó en el ambiente un olor a carne quemada.
- Algo más de intensidad y morirían inmediatamente, pero el actual voltaje e intensidad lo que les hace es provocarles un agudo e intenso dolor.
- ¡Noooo! - no podía verles así.
Saúl ordenó otra descarga. El horrible sonido, los rayos azul-eléctrico, la sacudida de los cuerpos de mis dos compañeros...

11.5

Grité como un animal. ¿Cómo podía salvar a mis compañeros? Yo no sabía dónde estaba Jaime. Yo no tenía nada que ver con la insurrección en la Potencia Fascista.
¡Los rayos eléctricos eran tan dolorosamente brillantes! Iluminaban con su tétrica luz azul toda la sala.
No podía delatar a Verónica, ni a los demás.
Me llegaba un horrible olor a carne quemada. Mis amigos se achicharraban.
Saúl detuvo las descargas:
- Son tus amigos, Exiliada. De ti depende que dejen ya de sufrir. ¡Qué no sufra nadie! Te lo prometo. Nadie tiene por qué sufrir.
Esperó un instante.
No sabía qué hacer. Lloraba. Cayo y Pablo no se movían. Sus cuerpos echaban humo. Quise decirle todo a Saúl. Juro que quería decirle todo y que todo terminara. No podía más.
-¡No sé dónde está Jaime! - le dije completamente desesperada - ¡No lo sé! ¡Es verdad!
Y hubo más electricidad, más rayos, más muerte. El brillo azul se reflejaba en los ojos blancos de Helena. La ciega se había alejado de mí y se había situado tras Saúl que parecía disfrutar viendo las torturas que Cayo y Pablo sufrían. El maldito coronel sonreía hasta el punto de mostrarnos su dentadura, también receptora de los brillos eléctricos de las descargas. Sus ojos se iluminaban contemplando el sufrimiento ajeno... ¡Disfrutaba! ¡Estaba disfrutando! ¡Le gustaba ver sufrir a mis amigos! ¡Era un monstruo lleno de sadismo!
Y entonces Helena le golpeó con fuerza en la nuca.
Saúl no prestaba atención a su lacaya, sólo tenía ojos para sus presos. No la vio venir. El golpe le aturdió y sin dar tiempo a nada más, la ciega le aplastó la cara contra la mesa. Un chorro de su sangre voló hasta alcanzarme: Saúl tenía las fosas nasales destrozadas y parecía inconsciente. Yo no me podía creer lo que estaba viendo. ¡Lo daba todo por perdido! ¡Y ahora! ¡Helena! ¡Era cómo un sueño dentro de una pesadilla!
Al técnico BAB encargado de accionar las sillas eléctricas también le pilló todo aquello por sorpresa. Primero quedó paralizado, gracias a eso las descargas eléctricas cesaron; luego se abalanzó contra la ciega que le recibió con una patada en la boca. Cayó al suelo y Helena volvió a patearle en el estómago hasta dejarle inconsciente.
Tras volver a comprobar que Saúl seguía incapacitado, Helena corrió a desatarme.
- ¡Perdóname! No tenía otra elección - me dijo.
No pude contenerme. De nuevo rompí a llorar, pero esta vez en el regazo de Helena que trataba de tranquilizarme acariciándome el cabello.

11.6

No teníamos tiempo y yo apenas me podía mover. Además de las nuevas heridas y contusiones se me abrió la herida de bala de Tímberlane. Helena me ayudó a incorporarme e inmediatamente corrió a liberar a Pablo y Cayo de las sillas eléctricas. Cayo estaba inconsciente, pero Pablo reaccionó como un resorte.
- No está muerto - dijo aun débil Pablo, refiriéndose a Cayo- pero le ha sentado peor que a mí. Debe de tener algún empaste o alguna pieza metálica en su cuerpo.
Helena abrió la puerta y me pareció oírle pedir agua. Escuché unos golpes y un par de gritos y volvió, pero no estaba sola. Venía acompañada de dos trabajadores de la limpieza, pero no eran eso: se trataban de Bruno y Roger. Estaban disfrazados con unos uniformes compuestos por mono de trabajo y gorra, de color pardo y con el logotipo de una conocida empresa de limpieza.
- La fortaleza del Ministerio Especial de Pacificación es inexpugnable - comentó Roger mientras me saludaba - salvo para los trabajadores de la limpieza, cuya presencia no levanta sorpresas.
Efectivamente estábamos en Cáledon.
Roger me ayudó a salir del despacho de las torturas, mientras que entre Pablo y Bruno cargaban con Cayo.
En la sala contigua pude ver a tres soldados aparentemente inconscientes. Les habían golpeado hasta dejarles inconscientes. Restos de escobas y fregonas estaban esparcidos por el suelo junto a charcos de agua procedente de los cubos de limpieza.
Salimos al pasillo sin perder ni un minuto más. Corrimos hacia un montacargas. En el camino sonó la alarma -una sirena irritante acompañada de luces rojas intermitentes-. Al doblar una esquina apareció un grupo de soldados que trataban de interceptarnos. Roger, Bruno y Pablo abrieron fuego contra ellos. Estábamos a salvo, fuera de su ángulo de tiro, pero nos bloqueaban el camino. El tiroteo continuaba y nadie ganaba. ¡Falso! Ganaban ellos porque al perder tiempo perdíamos el factor sorpresa.
Al menos en ese momento Cayo reaccionó. Estaba desorientado pero consciente.
- ¡Por aquí! - gritó Helena. Y siguiendo a la ciega volvimos hacia atrás alejándonos del montacargas.
Corrimos perseguidos por los soldados. De unas escaleras aparecieron más soldados. ¡Estábamos entre dos líneas enemigas!
-¡Adentro! - ordenó Helena.
Entramos en una habitación. Pablo la cerró y trató de bloquearla con el mobiliario que había dentro, archivadores, una mesa y una silla.
- No, no la bloquees - dijo la ciega.
- ¡Pero entonces entrarán!
- Es justo lo que quiero. Situaros detrás de mí y no abráis fuego hasta que os lo diga.
La manecilla de la puerta comenzó a moverse y la puerta se abrió. Dos soldados se asomaron apuntando con sus fusiles. Iban a disparar, pero Helena no les dio tiempo. Con una acrobática pirueta saltó sobre ellos al tiempo que golpeaba con su bastón a un tercer soldado. En su pirueta, los soldados no pudieron evitar seguirles con la vista. Craso error, porque quedaban descubiertos ante las balas de Pablo, Roger y Bruno.
-¡Fuego! - ordenó Helena. Y así hicieron mis compañeros.
Las balas acribillaron a cinco soldados que permanecían hipnotizados siguiendo el ataque de la ciega y su bastón. Pablo cargó saliendo de la habitación y los demás le seguimos, Cayo y yo como pudimos. Mientras los soldados trataban de agruparse, nosotros corrimos hacia las escaleras.
- ¡Subamos un piso y volvamos al montacargas!
Así hicimos.
En el piso superior otro grupo de soldados trató de detenernos, pero en este tiroteo salimos beneficiados porque no nos cortaban el camino hacia el montacargas. Llegamos, lo llamamos y tras una breve espera, se abrió.
- Muy probablemente abajo nos estarán esperando.
Y así era. El montacargas bajó hasta la planta de servicio y cuando las puertas se abrieron nos esperaba un nuevo contingente de soldados. Esta vez no cometieron el error de sus compañeros de más arriba y, sin dar tiempo a nada, comenzaron inmediatamente a disparar.
Pero el montacargas estaba vacío.
-¡No están aquí! - rugió un oficial.
Y los soldados se fueron, completamente desorientados. Pensaron que, o aun seguíamos arriba o nos habíamos bajado en otra planta.
Pero sí estábamos, pero no en el montacargas, sino sobre el montacargas. ¡Un viejo truco!
Nos bajamos y corrimos como si nos fuera la vida en ello. Y así era. Pronto tendríamos a una legión de las BAB tras nosotros. Estábamos en un sótano del edificio que conectaba con el exterior a través de un garaje. Helena tenía una llave a distancia del portón. Se la tiró a Pablo para que la accionara. El portón comenzó a abrirse. Los soldados que lo custodiaban desde fuera, y que no se esperaban que saliéramos por allí, fueron una víctima fácil para nuestras balas.
¡Ya casi estaba! ¡Ya casi estábamos fuera! No pensábamos que aún faltaba el más poderoso obstáculo. Nos encontramos frente a frente con Saúl. El coronel nos esperaba.

11.7

El coronel Saúl estaba furioso. Sus ojos estaban inyectados en sangre. La nariz, destrozada por el golpe de Helena, era el origen de una mancha granate y reseca que se extendía, desde sus fosas nasales, por su bigote, boca, barbilla y uniforme. Llevaba dos grandes cuchillos, uno a cada mano. Estaba como enloquecido.
-¡Traidora! -gritó con una furia que nos paralizó a todos.
Sin darnos tiempo a reaccionar, Saúl hizo una pirueta que me recordó las de Pablo y Helena. Con los dos cuchillos se abalanzó sobre Helena que pudo defenderse a duras penas con su bastón.
Pablo amagó con acudir al rescate de Helena, pero una nueva patrulla de soldados comenzó a dispararnos.
La puerta de salida estaba a nuestro alcance. La luz natural del sol nos alumbraba tentadora. De irnos, ¡ese era el momento! De lo contrario, pronto los exteriores se llenarían de soldados.
Pero la pelea entre Saúl y Helena no iba bien. El coronel era hábil y fuerte y conocía muy bien a su pupila porque se anticipaba a todos sus movimientos. Todos sabíamos que Helena no podría ganar ese combate. Probablemente, ella también lo sabía. Pero para poder ayudarla, antes teníamos que enfrentarnos y deshacernos de los soldados… y perder un tiempo precioso que nos podía costar la huida. Pablo apuntó con su arma tratando de alcanzar a Saúl, pero los rápidos movimientos en la pelea con Helena hacían muy difícil el objetivo: ponían a la ciega en peligro.
- No puedo alcanzarle - se rindió Pablo.
- ¡Tenemos que irnos capitana! – me dijo Bruno señalando como afuera más soldados se reagrupaban. Nuestra oportunidad de huir se esfumaba por momentos.
No podía dejarla allí. ¡No podía!
- Capitana - insistió Bruno -, si nos vamos la perdemos. Si no nos vamos, perdemos todos. Lo sabes.
Y era cierto. Cuántas veces en la guerra había tomado decisiones similares, siempre pensando en el grupo, en el colectivo por encima del individuo... Tenía que pensar en los demás, en Pablo, Bruno, Roger y Cayo... Bruno y Roger estaban allí para rescatarnos... Tenía que pensar como en la guerra.
¡La guerra! ¡Otra vez la guerra! ¡Otra vez como con Jack en aquel maldito acantilado! ¡Pero Helena no es Jack! Jack era un simple soldado… ¡Helena es mi amante!
- ¡No puedo! ¡No puedo abandonarla! ¡La amo!
¿Me escucharía? ¿Me oyó gritar que la amaba?
- ¡Se me ha terminado la munición! - dijo Roger tirando su arma al suelo.
Teníamos que irnos, pero no era capaz de abandonarla.
Entonces Saúl dio un fuerte golpe con uno de sus cuchillos y partió el bastón de Helena que ni siquiera pudo sujetar los pedazos, perdió el equilibrio y quedó desarmada a los pies del coronel de las BAB.
Recuerdo que grité como una loca, histérica al ver a Helena sentenciada. Ella giró su cara hacia donde estábamos. No podía verme, pero me miraba. Lo noté. Me sonrió. Parecía en paz. Esa impresión me dio.
-¡Tenemos que irnos ya! - ordenó Bruno que me cogió del brazo y me alejó de allí.
De la que salíamos al exterior pude ver como Saúl le clavaba a Helena los dos cuchillos y como ella caía al suelo.
Sé que murió. Pero también sé que murió contenta y sabiendo que ya no era odiada, sino que era amada, y que yo, su amor, su amante, estaba a salvo.
En ese momento yo no sabía los detalles de su vida, pero mi amor y su sacrificio le quitaban, por fin, una tremenda losa que había hundido su vida en la oscuridad.
En su muerte vio luz, por eso nos miró y me sonrió.

11.8

Atravesamos corriendo el garaje. Nos disparaban. Oímos las balas zumbando a nuestro alrededor. Pablo y Bruno respondían, más para abrirnos camino que otra cosa. Estábamos ya en el exterior y vimos como los soldados trataban de rodearnos.
Justo entonces entró a toda velocidad una furgoneta blanca, parecida a nuestra vieja cafetera abandonada en Tímberlane. La furgoneta se interpuso entre nosotros y un grupo de soldados. Sulem conducía y de copiloto, sin dejar de disparar, iba James, el obrero negro de la Cia+Fia de Cáledon. La puerta trasera se abrió y Melisán apareció para indicarnos que subiéramos deprisa. Así hicimos, sin que Pablo renunciara a vaciar su cargador contra los soldados que salían del edificio tras nosotros.
La furgoneta no llegó a detenerse, llegó frenando, nos subimos y aceleró bruscamente arroyando a varios soldados. Dejando una puerta trasera abierta, Pablo y Bruno disparaban para mantener a los soldados entretenidos y que no nos reventaran las ruedas al darles la posibilidad de apuntar.
Así conseguimos alejarnos aunque tuvimos que protagonizar una persecución por la calles de Cáledon perseguidos por dos todoterrenos del ejército y varios coches patrulla de la policía que se sumaron. Sulem no se conocía las callejuelas de Cáledon, así que Pablo, ex-taxista, tomó el relevo al volante. 
Entramos en la Colmena. James y Bruno le indicaban a Pablo que fuéramos a una callejuela específica donde nos esperaba otro transporte. Así era: un callejón muy estrecho –casi no podíamos atravesarlo- con otra furgoneta, esta de color gris metalizada, a nuestra disposición.
- ¡Tenemos que darnos prisa, pronto un helicóptero nos empezará a rastrear! - alertó Bruno.
Pablo dejó la furgoneta blanca atravesando el callejón. Nos bajamos y corrimos hacia el nuevo transporte. Los todoterrenos que nos perseguían no podían entrar tras nosotros y la furgoneta atravesada nos protegía de sus dispararon. Ya en la nueva furgoneta, abandonamos el callejón y nos mezclamos entre el tráfico de Cáledon en una transitada calle de la Colmena. Justo a tiempo de que el helicóptero BAB, que por fin sobrevolaba la ciudad buscándonos, no nos pudiera localizar.
¡Estábamos a salvo!
Ya sintiéndome más segura, sin la adrenalina de la huida, mis nervios ya no pudieron contenerse más y rompí a llorar. Melisán y Sulem que trataban mis heridas y también atendían a Cayo, trataron de consolarme. Roger y Bruno también me expresaron sus condolencias y su cariño. Nada de eso me servía. Nada de eso podía entonces ayudarme, aunque todas esas muestras de afecto las valoré y las valoro mucho. ¡Muchísimo! Pero había visto como asesinaban a Helena, ante mis propios ojos, sin poder evitarlo, sin poder hacer nada.
Buscando instintivamente un pañuelo de papel, que no tenía, encontré en mis bolsillos un trozo de papel doblado. No era mío. Mis pertenencias, el móvil seguro de Bruno, mi pistola, mis papeles, la foto mía de adolescente… todo se había perdido, seguramente al haber sido capturada por Saúl en las ruinas del Palacio del Teócrata. Estuve tentada a tirar ese papel, pero en seguida comprendí que era algo importante. Lo abrí y sí que lo era:
Era una carta, escrita y firmada por Helena. ¿Escrita por una ciega? Los ciegos podían leer y escribir, pero en su propio alfabeto de símbolos… ¿Cómo podía ser una carta de Helena?  ¿Era una nueva trampa, una tomadura de pelo? Aunque pensándolo bien, Helena no era una ciega cualquiera… quizás ella sí podía escribir usando nuestro alfabeto. Me fije en el texto: estaba escrito todo en mayúsculas, supuse que era más sencillo que con minúsculas, y con gotas de tinta corrida, probablemente provocadas por puntuales lágrimas –aunque una parte, casi al final del texto, estaba mucho más emborronada-. Olfateé la carta… tenía un aroma que me recordaba a Helena. ¿Era realmente de ella?
¿Y cuándo me la había dado? No después de rescatarme de la tortura. En todo ese tiempo me hubiera dado cuenta, por muy atontada que estaba por los golpes que ella misma me había dado. ¿Entonces cuándo? ¿Entre Vancouver y Cáledon, mientras aún duraba el efecto de la droga que nos habían suministrado y yo estaba inconsciente? Era lo más probable, pero, no sé: quise creer que había sido durante el sueño en el que ella yacía conmigo, en el que hacíamos el amor.
Me puse a leer la carta:

11.9

"NO HA HABIDO DESCANSO EN MI VIDA, EXILIADA... SI A LO QUE HUBO DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI FAMILIA SE PUEDE LLAMAR VIVIR. PERO NO ERA CONSCIENTE DE LO VACÍA Y LAMENTABLE QUE ERA MI EXISTENCIA HASTA QUE TE CONOCÍ. LLEVABA TIEMPO PLANEANDO ALGUNA MANERA DE VENGARME DE SAÚL. CREO QUE TENÍA ESE DESEO DESDE EL MISMO INSTANTE EN QUE ME ORDENÓ ACABAR CON MI FAMILIA. PERO TÚ ME ENSEÑASTE A VOLVER A AMAR. ¡HA SIDO TODO TAN RÁPIDO! ¿CÓMO ES POSIBLE? ¿QUÉ HAS VISTO EN MÍ? ¿QUÉ HE SENTIDO EN TI? TODO HA CAMBIADO.
 NO LOGRARÉ ELIMINAR MI MANCHA HASTA QUE YO NO HAYA MUERTO. LO SÉ. PERO ME GUSTARÍA PENSAR QUE MORIRÉ HONRANDO A MI FAMILIA. ME GUSTARÍA PENSAR QUE SERÉ CAPAZ DE CONSEGUIR SU PERDÓN SI ACTÚO DE MANERA CORRECTA. CREO, Y SINCERAMENTE TE LO DIJO, QUE ESO PASA POR SALVARTE, POR AYUDARTE, POR TU VICTORIA Y LA DERROTA DE MI AMO. SÍ, SIGUE SIENDO MI AMO... PERO TÚ ME HAS LIBERADO. 
Y AHORA CORRO A LIBERARTE A TI
TE AMO".
Así terminaba la carta de Helena. Me liberó... Y ha borrado su mancha. ¡Una mancha muy oscura! Cuando leí la confesión del asesinato de su familia... ¡Me horrorizó! Me cuesta describiros lo que sentí en ese momento.
Sabía que, al igual que Pablo, su pertenencia a las BAB inevitablemente significaba que ella había cometido crímenes terribles. Y, probablemente, crímenes contra bolcheviques como yo. Pablo torturaba hasta la muerte... Pablo liberó a una bolchevique asesinándola. ¡Pero matar a su familia! ¡Y de esa manera! ¡Aplastar con sus manos a su hermano casi recién nacido! ¿Qué clase de persona podía ser capaz de semejantes actos? ¡Un monstruo! ¡Sólo un monstruo!
Y sin embargo... me había enamorado de ella. Me había enamorado de una brutal asesina. Y confiaba ciegamente en un torturador. Desde mi regreso me había rodeado de auténticos desechos sociales: Seres humanos embrutecidos hasta la médula por las BAB, por la reacción. Es verdad que también estaban Bruno, Roger o Melisán... Pero ¡Joder!
Yo no creo en la redención religiosa. Yo creo que el que la hace la paga. Pero hay muchas formas de pagarlo.
Un maldito capitalista, responsable real, verdadero, de estrujar al máximo, en tiempo y ritmo a sus trabajadores o de envenenar a los pobres con productos básicos en mal estado, pero más rentables o de contratar sicarios para asesinar a los sindicalistas que protestan por sus excesos… por mucho que diga arrepentirse, o implore perdón… No soltaría ni una lágrima por él si un justiciero le abriese la tapa de los sesos.
Pero en un engañado, en un paria manipulado, violentado… responsable directo, pero irresponsable intelectual… un arrepentimiento sincero, dispuesto a reconstruir lo que con sus actos ha contribuido a destruir… En ese caso, puede que esa acción de reconstruir, sincera y leal, sea una buena forma de pagar por sus crímenes… como creo que es el caso de Pablo.
Para Helena, ella estaba convencida de que sólo su sacrificio podía aliviar su dolor y su vergüenza. Helena era otra víctima más de la corrupción de esta sociedad, una sociedad enferma dominada por corruptores, dominada por ladrones de almas que se esconden detrás de sus monstruos de Frankestein, mientras sus criaturas ejecutan sus locuras.
Pero otro aspecto también me hizo reflexionar, aunque no en ese momento, sino mucho más adelante: Si dos destacados militantes de las BAB, a pesar de toda su instrucción, a pesar de todo el lavado de cerebro que tenían que haber sufrido, eran capaces de romper con sus mandos, faltar a sus juramentos y ayudar a una enemiga declarada como yo... eso demostraba que el gran cuerpo de élite, que los soldados especializados en asesinar bolcheviques, mimados, reeducados, aislados y privilegiados... no son todopoderosos. Si sus ideas podían ser vencidas, si podía llegar a existir duda en sus cabezas, ellos podían desmoralizarse y ser derrotados. ¡Hasta ellos sucumbían a la realidad!
Había, además, otras dos cuestiones que la carta de Helena también dejaba entrever:
En primer lugar que no era sólo una sospecha que el difunto Gúlik, dirigente de Sangre y Fuego, realmente estaba en connivencia con las BAB y con el consorcio Cia+Fia. Saúl sabía que iban a lanzar la ofensiva y pretendía utilizarla políticamente. Tenía que preguntar a mis compañeros qué había sucedido desde que abandonamos Tímberlane.
La segunda cuestión era la que, en ese momento, me preocupaba más: Saúl sabía de mis objetivos, conocía la ruta que había seguido para encontrar a los ex-dirigentes bolcheviques... Mucha gente en New Haven y Davenport habían sufrido por ello... No creo que fuera Helena la chivata, aunque parecía que Saúl se había enterado de todo sólo cuando yo estaba en Tímberlane, o a punto de llegar a Tímberlane. Poca gente conocía mi plan de ir a Vancouver después de visitar Tímberlane. La ex-dirigente Marian había pagado con su vida la emboscada tendida por las BAB...
Alguien me estaba traicionando.

11.10

Con la furgoneta dimos un buen rodeo por toda la ciudad para finalmente volver a La Colmena. Allí nos refugiamos en un nuevo piso franco. Yo necesitaba que me trataran las heridas, no dejaba de sangrar y me encontraba muy débil. Cayo tampoco estaba nada bien y Pablo, aunque había jugado un papel protagonista en la huida de la sede de las BAB, también estaba tocado. Necesitaba descansar.
En el piso nos esperaba Víctor. Tenía mucho mejor aspecto que cuando nos separamos, él camino de Cáledon y yo de Vancouver. Estaba impecable vestido con un traje de pana similar al que llevaba cuando le conocí, limpio, peinado, perfumado, también afeitado, salvo su característico mostacho blanco, eso sí, bien arreglado. Parecía todo un caballero, honorable, impoluto, como si la suciedad del mundo no le afectara.
Mi reacción al verle fue de ir a abrazarle. Necesitaba calor humano. Era pensar en Helena y volvía a llorar. Pero fue acercarme al anciano, e incluso llegué a extender tímidamente los brazos, y me paralicé. No era posible. Su mirada era la habitual, su gesto, el de siempre... una mezcla de superioridad y frialdad, pero con un toque paternal... No sé, no quería mancharle y no creía que él comprendiera que necesitaba un abrazo suyo. Su saludo fue seco:
-Bienvenida Exiliada. Me alegro de que hayas sobrevivido.
Pablo se dio cuenta de mi contrariedad y de mis necesidades. Con un brazo me cogió por los hombros y con el otro me acarició. Yo me dejé llevar. Creo que, una vez más, me puse a llorar. Así me llevó adentro del piso.
Sulem y Melisán se quedaron con nosotros para ayudarnos. Al parecer la semita Sulem tenía ciertos conocimientos como enfermera amateur, suficiente para curarme de los golpes y volver a cerrarme la herida. En cuanto Cayo y Pablo había que tratar las quemaduras en su cuerpo causadas por las descargas eléctricas y darles una solución salina para cortar la deshidratación provocada. Los demás se fueron.
Intenté dormir y descansar un poco, pero no pude dejar de pensar en Helena.

11.11

Di vueltas y vueltas en la cama. No podía dormir. Tenía gravado en fuego el recuerdo, primero, de Saúl rompiendo el bastón de Helena, entonces ella, del impacto, perdía el equilibrio y caía desarmada. En ese momento, el coronel de las BAB atravesaba a mi amada Helena con sus cuchillos.  Pero tampoco podía quitarme de la cabeza el contenido de la carta, a la que incluso le había dado forma de imágenes, como una película, en la que Helena cometía con su familia todas las barbaridades que me había descrito.
Esos recuerdos se repetían en mi cabeza una y otra vez, una y otra vez. ¡Tenía tantas ganas de llorar!
- Ella te quería - me dijo Pablo, susurrando para no despertar a los demás. Me había visto destrozada y sabía que necesitaba su apoyo -. Yo tardé en darme cuenta, fue Roger quien me lo dijo.
- Ella hizo cosas horribles - le respondí sollozando.
- Como todos en las BAB. Ya te conté lo que yo hacía. Me imagino que ella haría también tremendas brutalidades. Te lo justifican, te lo explican... Te llaman héroe y te dicen que es lo correcto y te dicen que estás salvando la República, y te prometen una jubilación dorada, y te aíslan de la gente normal y sólo tratas con otros BAB y acabas creyendo que todos los que no son BAB son tus enemigos y que quieren matarte porque te odian y quieren destruir la República.
- Es impresionante que tú y ella lograrais romper con todo eso – Fue en ese momento cuando comprendí la tremenda importancia que sus actos tenían.
- Sí. Pero es muy duro. Es verdad que rompes, pero sigues siendo un BAB y no encajas con nada, ni con nadie. ¡Hasta que apareciste tú! A mí me has salvado, y estoy seguro de que a ella también.
-¿La he salvado? - le dije incrédula con los ojos inundados de lágrimas.
-Sí. Ella se sacrificó, y sé que lo hizo porque… Mira: Helena podría haber continuado luchando, al menos por un tiempo. Lo sé. Pero sabía que iba a ser derrotada igualmente y que si continuaba luchando, nosotros no nos hubiéramos ido y, al final, nos hubieran matado a todos. Así que aceleró adrede el desenlace para que escapáramos de una vez. Ella se sacrificó y lo hizo porque tu vida, el que tú continuaras luchando, era para ella lo más importante. ¿Quieres mayor muestra de amor?
No sé cuándo concilié el sueño. Fue en algún momento en el que reproducía el instante justo de su muerte, pero con un cambio: su sonrisa. ¡Ahí estaba! Había girado su cara hacia donde yo estaba y me miraba sin verme y me sonreía. Saúl estaba a punto de asesinarla, pero ¡me sonreía!
- Porque tú me salvaste - me explicó Helena en sueños, reproduciendo las palabras de Pablo.
Y me vi de regreso a Tímberlane. En aquellas colinas que rodeaban la fábrica de armamento. Era de noche y el cielo estaba lleno de estrellas. Helena, sin el hiyab, mostrándome su hermoso cabello negro azabache y ondulado, se me acercó y me besó en la boca. Noté sus labios dulces y con sus manos llevó las mías hacia sus cabellos para que los tocara, para que los acariciara.
- Quería despedirme - me dijo y me volvió a besar.
Me puse a llorar sobre su hombro. Helena me acariciaba y me daba pequeños besos en mi cabeza.
- No quiero perderte. - le dije.
- Y no me perderás. Siempre estaré contigo mientras me recuerdes y honres mi memoria no traicionándote a ti misma. Te debo mucho. ¡Me has salvado! Y no sólo eso. Eres muy importante. La gente te sigue, te escucha. Saúl lo sabe y por eso te persigue. A veces un individuo puede marcar la diferencia. Si sobrevives, si resistes, habrás ganado. Entonces mi sacrificio habrá tenido sentido. Confío en ti.
- Antes de la tortura, antes de que murieras... ¿Hicimos el amor, o lo soñé?
- ¿Tú qué crees que pasó?
- Yo quiero creer que sí que lo hicimos. Fue ahí cuando me diste tu carta.
- Pues guarda ese recuerdo, ese momento íntimo.
Nos giramos y nos vimos a nosotras mismas haciendo el amor. Era en el mismo cuarto donde yo creo que había sucedido realmente: Estábamos las dos tumbadas y desnudas sobre mi camilla, besándonos y acariciándonos. Una sensación tremendamente agradable me recorrió el cuerpo y entonces me desperté con el sabor de sus labios en mis boca como si me hubiera dado un último beso de despedida.
"Nunca te olvidaré"


FIN DEL CAPÍTULO 11.