Relatos de Jjojismos

· La última bolchevique (concluido), una mujer regresa del exilio y se encuentra con un país devastado por la guerra. Perseguida, deberá aliarse con los compañeros que la traicionaron para luchar por su supervivencia.
· Una nueva historia (en proceso), 1913, han asesinado al hijo de un importante empresario, el detective Jhan, un troglo, no cree que el sospechoso detenido, un trabajador de oficinas mamón, sea el verdadero asesino.
· Jaime (en proceso), la secuela de La última bolchevique. Bella, colaboradora de los nuevos bolcheviques se lanza a la búsqueda del a la par odiado y amado Jaime para evitar una nueva guerra.
· La muerte de Ishtar (en proceso), nos situamos a finales del siglo IV, principios del V. La nueva religión cristiana se abre paso frente a las antiguas creencias paganas. Dos mundos chocan y luchan entre intrigas, persecuciones y aventuras.

lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 8, el amigo, 2.

Todo el viaje hacia Tímberlane fue bordeando el litoral porque, como Davenport, Tímberlane es también una ciudad portuaria. Fue un viaje muy agradable y recorrimos un tramo de la costa que era realmente bonito. Así pasé gran parte del camino mirando las encrespadas olas del mar, viendo como rompían en las rocas de la costa. Sólo paramos para repostar, comer e ir al baño. 

Durante el camino traté de acercarme a Helena, de recuperar el contacto, pero ella me respondía lacónicamente, con monosílabos, y se mostraba muy alejada de mí y fría. Esa actitud me afectó más de lo que esperaba, de hecho, me dolía, aunque me esmeraba en no demostrarlo. 

Pablo, en cambió, estaba pletórico. Se pasó gran parte del camino hablando, contando chistes –la inmensa mayoría muy, muy malos- o canturreando viejas canciones. Hizo el viaje mucho más ameno. 

El que también parecía muy raro era Víctor. El viejo siempre se mostraba misterioso, incluso cuando se ponía a explicar sus ideas. Pero en esta ocasión a sus explicaciones, amplias, extensas sobre la situación política de Arrania, como si fuera un gran especialista en aquella región, se añadía una cierta sensación –al menos a mí me la transmitía- como de nostalgia, ¿nostalgia por Arrania? 

- Tímberlane es una ciudad con tremendos contrastes sociales - nos explicaba Víctor-. Los comerciantes timberleanos, enriquecidos por el comercio de esclavos con las antiguas colonias, edificaron suntuosos barrio con las mayores innovaciones artísticas del momento. En esos años la ciudad se rodeó de un cinturón rojo de trabajadores procedentes de otras zonas del reino. Había trabajo y parecía que la sociedad avanzaba. Pero la crisis mundial no sólo se llevó por delante a la monarquía, también trajo una tremenda degradación social, paro, miseria... Miles de trabajadores que se habían creído que formaban una "clase media" despertaron del sueño... O más bien, el sueño colapsó. 
- Conoces mucho de Tímberlane y Arrania. 
- Viví aquí muchos años. Con otro nombre, otra identidad... Antes de que tú ingresaras en el Partido. 

Supuse que quizás hubiese sido un destacado militante bolchevique en Tímberlane. 

- Los bolcheviques siempre lo tuvieron complicado en Tímberlane - continuó Víctor-. Antes del surgimiento del Partido, la clase obrera se entregó de pies y manos a un partido burgués demagógico y, añado, financiado desde Cáledon: Igualdad y Prosperidad. Utilizando el odio de clase que los trabajadores emigrantes sentían hacia los comerciantes y empresarios arranios, Igualdad y Prosperidad levantó un muro de odio e incomprensión entre los arranios -con sus sentimientos nacionales- y los trabajadores emigrantes. Las revueltas que provocaron la huida del Rey también desenmascararon a los mentirosos de Igualdad y Prosperidad, pero la socialdemocracia fue incapaz de terminar con esa división nacional. Así, con el colapso de la socialdemocracia, el bolchevismo se nutrió de los hijos de los emigrantes del cinturón rojo de Tímberlane, pero siempre con la hostilidad de los comerciantes empobrecidos y nacionalistas del resto de Arrania. 
- Bonita historia - dijo caustica Helena. 
- Ya no hay bolcheviques en Tímberlane... Pero los nacionalistas siguen activos... ¡Locos!... Se dedican a poner bombas y a enfrentarse de manera absurda a la policía – Lo dijo como si hubiera algo personal oculto en esas palabras. 
- No sé donde podemos buscar a tu amigo Cayo – Dijo finalmente. 
- Desconocía que los nacionalistas siguieran activos. – comenté. 
- Sí. A los industriales arranios les interesa mantener el conflicto nacional vivo... Así que manipulan los sentimientos de los jóvenes arranios y les animan y financian. Actúan de manera semi-clandestina. Fuera de Arrania el gobierno de la República se encarga de ocultarlo todo. Necesitan tapar que hay una oposición viva aquí en Arrania. Pero no te hagas ilusiones: los miembros de la Llama Arrania, que así se llama la organización separatista, odian al bolchevismo. No te ayudaran... Incluso no sería descartable que te delataran. 
- ¡Magnifico! – exclamé.

Capítulo 8, el amigo, 1.

Un poco de geografía sobre La República: hemos viajado desde Cáledon, la capital, situada al norte del país. A su sureste se encuentra New Haven en las ricas tierras de cultivo. Más lejos pero al oeste de Cáledon está el importante puerto de Davenport. Si seguimos hacia el noreste bordeando la costa, siempre alejándonos de la capital, llegamos a Tímberlane, capital de la región de Arrania. Es como si desde Cáledon en mis viajes hubiésemos seguido una trayectoria con forma de línea espiral con la capital de la República como su centro y cada vez alejándonos más. 

Arrania es una región con entidad propia. Hablan su propio idioma, tienen su propia cultura, su historia… Incrustado entre la República y el Continente, hace doscientos años Arrania era un estado tapón teóricamente independiente. Nunca fue realmente libre, pero su posición estratégica favorecía el comercio y el bienestar de sus ciudadanos. Finalmente la Monarquía se anexionó Arrania, pero, a diferencia de las Colonias de Ultramar, durante la crisis colonial, preludio de la revolución republicana, no consiguieron la independencia. Ocupado militarmente, sus comerciantes, no obstante lograron seguir prosperando. 

Sin embargo con la crisis mundial y la crisis final de la monarquía, cada vez sectores más amplios de la población arrania, sobre todo intelectuales y jóvenes, comenzaron a exigir un trato diferenciado e incluso la separación. El gobierno reaccionó con violencia y represión, prohibiendo su idioma, persiguiendo toda manifestación de cultura arrania. Los casos de abusos y torturas eran comunes. Lejos de apaciguar Arrania, la Monarquía aumentó el resentimiento y el odio. Siguiendo esa línea, el último Monarca usaba a los separatistas arranios como chivo expiatorio de todos los males del Reino. Pero como ya sabemos, ni con toda la represión del mundo, ni con mentiras o maniobras, pudo evitar su caída. 

Con la proclamación de la República y el desarrollo del bolchevismo, fueron, curiosamente, los grandes industriales y banqueros arranios los que comenzaron a agitar con la idea de la independencia, hasta el punto de que algunos de sus prohombres más importantes llegaron a tontear con los fascistas. No aspiraban realmente a la independencia, sino que querían evitar el desarrollo bolchevique por la región, ofreciendo una supuesta solución radical a los problemas del pueblo. Cínicamente, utilizaban y manipulaban los sentimientos de miles de arranios que habían sufrido en sus carnes la represión, la marginación, el insulto constante a su cultura e idioma. 

Nosotros los bolcheviques defendíamos los derechos democráticos de los arranios, incluso su derecho a separarse si querían. Pero a la vez que criticábamos a los socialdemócratas de Cáledon, ahora en el gobierno, por plegarse a los reaccionarios centralistas, sometíamos a una crítica feroz a los capitalistas arranios que usaban el conflicto para dividir y enfrentar a los trabajadores y jóvenes en líneas nacionales. 

Con todo, mientras teníamos una poderosa influencia entre los trabajadores y la juventud proletaria de Tímberlane, la capital de Arrania, y su cinturón rojo, entre los universitarios y las capas medias del interior de la región éramos muy mal vistos, calumniados e incluso perseguidos. 

Víctor, que parecía preocupado por nuestro próximo destino, me explicó durante el viaje que con la derrota de Jaime, el gobierno republicano había regresado a los viejos métodos reaccionarios y centralistas de la monarquía: en las escuelas de Arrania ya no estudiaban en su idioma propio y todo sentimiento de identidad o expresión cultural eran perseguidos. 

- El espacio dejado por los bolcheviques -me explicaba- lo quieren ocupar ahora jóvenes universitarios defensores de la guerrilla urbana y la acción directa. Sus métodos son estériles, no logran conectar con los trabajadores de Tímberlane, aparte de que el gobierno silencia sistemáticamente sus acciones. Para los medios de comunicación, bolchevismo y separatismo arranio es lo mismo, así que sus acciones son calificadas como atentados bolcheviques.

Capítulo 7, el mercenario, 15.

Pasé la noche junto a Pablo, Víctor y Helena en el container de Melisán y Trotsky. Estaba bien protegido de posibles represalias de la mafia: Para más seguridad, Khan había dispuesto de un grupo de estibadores vigilando el contorno y así evitar sorpresas. Cuando llegué, Pablo dormía como un angelito. Creo que hacía tiempo que no dormía tan bien, se le veía a gusto, relajado. Víctor, para variar roncaba. Helena también estaba tumbada, aunque a diferencia de los hombres, no se había desnudado, ni siquiera se había quietado el hiyab. Melisán le indicó a Trotsky que no hiciera ruido, que entrara sigiloso. Y el perro hizo caso a su dueña… de hecho, fue la niña la que, sin querer, hizo más ruido al entrar. 

- ¿Acabáis de llegar? - me preguntó susurrando Helena. 
- Sí - le respondí. 

La ciega se incorporó y me señaló la salida del container, por si quería pasar un rato afuera con ella. Accedí y salimos juntas. 

La noche había refrescado, la brisa que soplaba no era fría, pero tenía suficiente fuerza como para alejar las nubes que previamente habían encapotado la noche: ahora se veían las estrellas. Yo las veía: Helena no las podía distinguir y no podía admirar su belleza. Los estibadores que vigilaban no nos quitaban ojo y cuchicheaban, pero estaban ahí por nuestra seguridad. 

- Gracias otra vez - le dije, refiriéndome a cuando nos abordó Número 2 en la salida del palacete. Ella le quitó importancia. 

Estuvimos allí un rato. Quietas. En silencio. Yo mirando las estrellas. Ella sintiendo mi presencia, esperando, paciente, que finalmente le hiciera la pregunta que me rondaba en la cabeza. 

- ¿Sabías que Pablo había sido de las BAB? 
- Lo sospechaba. Por como pelea. Es muy bueno. En New Haven casi me derrota. Pero nunca coincidí con él, si es eso lo que quieres saber. Le recordaría. 
- Me explicó lo que hacía en las BAB. – Ésta era la verdadera pregunta. Quería saber si ella había hecho las mismas brutalidades que Pablo. 

Helena notó el cambió en mi entonación, el miedo, la preocupación que yo sentía. Mi corazón latía más rápido y pese a la temperatura refrescante, mi cuerpo segregaba un sudor, fino, pero nervioso. 

- Por eso durante la estancia en el palacete estabas tan distante, ¿verdad? - acertó la ciega. 

Yo la miré intensamente, consciente de que era una de las pocas cosas que ella no podía percibir. 

- Pablo torturaba bolcheviques. Los maltrataba hasta que confesaban crímenes inexistentes para luego dejarles morir. 
- Conocía la existencia de esas unidades - me dijo con una frialdad que me repugnó -, pero yo nunca he formado parte. 
- ¿Qué hacías tú en las BAB? 
- Saúl me asignaba un objetivo y yo lo asesinaba. 
- ¿Odias a los bolcheviques? 
- En New Haven os conté que mi padre era bolchevique y eso es cierto. Era un trabajador y era bolchevique. 
- ¿Odias a los bolcheviques? – insistí. 
- Odio a mi maestro. Odio a Saúl. Él me convirtió en un monstruo. No te engañaré. He hecho cosas horribles y las he hecho sin cuestionarme nada y sin remordimientos. No creo que eso se pueda cambiar. Pero no odio a los bolcheviques. 
- Creo que Pablo puede cambiar. Creo que se arrepiente de lo que hizo pero, sobre todo, quiere aprender a ser una mejor persona. 
- Yo sólo quiero vengarme. 
- ¿Sólo quieres eso? 

Helena guardó silencio. 

- ¿Qué te hizo Saúl? - le pregunté. 
- Me hizo lo que hoy soy. Mira, Exiliada… Yo también he asesinado bolcheviques. Si es eso lo que querías saber. 

Helena comenzó a llorar. Intenté abrazarla, pero no me dio tiempo. Rápidamente se enjuagó las lágrimas, se escabulló de mis brazos y volvió al container, dejándome atrás con cara de tonta. No me quedó otra cosa que hacer que rabiar por mi impertinencia, por mi poco tacto. Miré enojada a los vigilantes. Como buenas “marujas”, habían estado atentos a la escena, sin perderse nada, y ahora fingían desinterés, miraban para otra parte e incluso silbaban. Tuve ganas de gritarles, e incluso de pegar a alguno de esos cotillas. 

"Da igual", pensé tratando de tranquilizarme. "Mañana, de camino a Tímberlane, hablaré con ella y me disculparé". 

FIN DEL CAPÍTULO 7

Capítulo 7, el mercenario 14.

Khan nos invitó a una copiosa cena de celebración en el templo-escuela. A la cena acudió su nieto Karl, mucho más alegre y dispuesto a conversar con nosotros, por supuesto Melisán –y Trotsky, aunque el perro no comió en la mesa-, junto a algunos estudiantes y estibadores más cercanos. Pensaba que quizás Luisma participara en la cena, pero el antiguo dirigente no estaba con nosotros. 

- No está. – Me ratificó Víctor, sentado a mi lado en la cena. 
- Después de la cena te llevaré ante él – Me prometió Khan, intuyendo a qué se debía mi nerviosismo. 
- Es curioso que tanto Orestes como Luisma opten por esconderse y ocultarse con todo lo que está sucediendo… y todo lo que tu presencia ha provocado. – Me comentó Víctor. 
- ¿A qué te refieres? 
- En New Haven organizaste a las mujeres semitas que lograron rechazar un pogromo fascista. Aquí, no has sido tú, pero has inspirado a otros a lanzar una rebelión masiva contra la mafia… Resulta curioso que a la cabeza de ambos grandes acontecimientos, no se pusieran a la cabeza los insignes bolcheviques. En ambos casos han permanecido a la sobra, fuera de primera línea, ocultos… 
-Son buscados, perseguidos por las BAB. Los bolcheviques siempre han visto conveniente preservar a los cuadros, no por cobardía, sino por seguridad. 
- Desde luego, la que se expone eres tú –señaló mostrándose preocupado-. ¡Buen trabajo!, en todo caso, te lo quería decir. 
- Gracias, pero tú mismo lo has dicho. Aquí no he sido yo. Sin Pablo… 
- Pablo ha actuado inspirado por ti. Animado por tu ejemplo. Pero eres tú: allí donde vas logras agrupar a jóvenes de gran valía, como Roger, o aquí la pequeña Melisán. Pero ¿me pregunto qué harás en entornos más hostiles?, ¿dónde no contemos con la irrupción de las masas?, como felizmente ha pasado aquí y en New Haven. 
- Hemos tenido suerte. Eso y que creo que el ambiente político no es tan negro como le gustaría al gobierno. A pesar de las guerras y la represión, veo que toda una nueva capa de revolucionarios está dispuesta para la lucha. 
- No creo que sólo lo veas tú. Aunque el gobierno diga otra cosa, seguro que también lo perciben… ¡y no les gustará ni un pelo! Lo que me preocupa es que… no sé… tú lo ves, el gobierno lo ve… ¿crees que los antiguos dirigentes bolcheviques, Verónica, Orestes, Luisma…, crees que ellos lo ven? 

La pregunta de Víctor me hizo reflexionar… En el exilio se hablaba de que el efecto de las guerras y de la represión duraría décadas. Se ponían otros ejemplos históricos de cómo la eliminación física de la vanguardia necesitaba tiempo, necesitaba años para cicatrizar, para que surgiera una nueva capa fresca, sin la carga del pasado. Sin embargo, quizás, pese a la censura, la rebelión en Sumailati tenía algo que ver. Quizás como otras revoluciones, siempre contagiosas, lo que pasaba en las Potencias Fascistas inevitablemente influía en la lucha de clases aquí, en la República. Ni Verónica ni Orestes parecían tener todo esto en cuenta. Quizás Luisma, uno de los mayores talentos teóricos del antiguo Comité Central, si cuenta con un análisis más certero de la actual situación política. 

- ¡Prepárate Exiliada! – profetizó Víctor arrancándome de mis reflexiones -. Porque si hasta ahora has contado con las masas de tu parte… es muy probable que, en nuestro próximo destino, las cosas no vayan tan bien. 

Khan cumplió con su palabra, aunque sólo después de entrantes, primer plato, segundo plato, postre y abundante vino… demasiado para mí en una cena. Un poco mareada por la bebida, dejé a mis compañeros en el templo-escuela y regresé al sistema de alcantarillados de la noche anterior, otra vez con Melisán y Trotsky, pero también con el anciano que actuaba de guía. Pero ahora no nos dirigíamos al palacete de Rose, así que, aunque para mi todos los túneles eran iguales, así que seguimos un camino diferente. Llegamos a un túnel sin salida salvo por una escalerilla de ascenso. Khan me indicó que el antiguo dirigente bolchevique me esperaba arriba. Ellos me esperarían allí abajo. Subí la escalerilla y abrí una trampilla que me dejaba pasar a un container completamente cerrado, pero iluminado eléctricamente. Pese a que no pude ver ninguna ventilación, el aire no estaba viciado. Era un container confortable, aunque no llegaba ni de lejos al clima hogareño que Melisán había conseguido en el suyo. Éste era mucho más espartano. Y ahí dentro, sentado en una silla de madera, me esperaba Luisma, más envejecido y apagado de lo que le recordaba. 

- Bienvenida Exiliada. 
- Hola Luisma – le respondí. 

Pese al saludo, Luisma permanecía en silencio. Observándome con gesto cansado. No sabía muy bien que decirle, pero estaba claro que me correspondía a mí romper el hielo: 

- Prefiero el container de Melisán. – le dije, por decir algo, aunque el comentario fue bien recibido, porque el antiguo bolchevique sonrió levemente. 
- Es austero… inevitablemente –comenzó a explicarme-. Tengo que protegerme. La mafia piensa que guardo un importante documento y han puesto precio a mi cabeza. 
- ¿No tienes tú el documento? –Pregunté extrañada- Todo el mundo dice que lo guarda un bolchevique. 
- Pero yo ya no soy bolchevique, Exiliada. 

"¡Claro!", pensé, "el documento ha estado cerca mía en todo momento. Incluso Número 2 tuvo la posibilidad de conseguirlo". Disfruté con el descubrimiento que había hecho y volví a atender a Luisma. 

- Sígueme - me indicó, mientras al presionar un botón se accionaba un dispositivo mecánico. Sonaba como unas poleas, un ruido que en el puerto pasaría bastante desapercibido. El dispositivo hizo desplegar, en uno de los laterales del container, una rampa, mientras que en el techo se abría una trampilla. Subimos los dos y pude contemplar una bella estampa del puerto de Davenport nocturno: las luces de grúas y barcos, la negrura del mar, el cielo encapotado... La sal marina inundaba mis pulmones y de fondo se oía un leve traqueteo del trabajo portuario. 
- Los trabajadores del puerto son muy ingeniosos - me explicó-. Este container lo usaban para el contrabando... de personas. De mujeres, específicamente. Aparentemente cerrado herméticamente, está perfectamente ventilado y la carga entraba y salía por esta rampa. 

Nos quedamos un instante mirando el puerto. El mar parecía agitado y sus olas se oían rugir. Soplaba una leve brisa pero las nubes parecían a punto de descargar lluvia. 

- Perdona Exiliada. Debía ponerte a prueba. Orestes nos instruyó al respecto por si reaparecías. 
- He estado con él en New Haven. 
- Sinceramente, ¡No me importa! Yo ya no soy bolchevique. Hace tiempo que perdí la ilusión, la esperanza. Sólo me escondo. Me oculto de mis enemigos esperando mi hora. No hay nada que podamos hacer. 
-¿Cómo puedes decir eso después de lo que han hecho hoy los estibadores? – estaba sorprendida y, a la vez, indignada con la actitud completamente desmoralizada de Luisma. 
-¿Qué han hecho? Simplemente conseguirán que las dos mafias comiencen a colaborar para recuperar el control de la ciudad... Eso si no intervienen las BAB, alarmadas las autoridades por lo sucedido. 
-¿Cómo puedes hablar así? – Me recordó a Orestes, enumerando los riesgos que yo había provocado al organizar a las semitas. 
- Hubo un tiempo en que tenía claro que resistir es vencer, pero ahora estoy roto, fracturado. No sé, quizás eso me afectó cuando Jaime y tú decidisteis luchar contra los fascistas. Creo que mi juicio no era claro. Exiliada, desmoralizado no se puede militar, en seguida empezaría a teorizar mi estado de ánimo, es inevitable. ¡Lo he visto tantas veces! Cuando me di cuenta de como me encontraba decidí apartarme de todo. 

Luisma me hablaba dándome la espalda, como si se avergonzara de mirarme. 

- Hace mucho tiempo, Cayo pronosticó que tú podrías reconstruir el Partido. Que eras la única con fuerza suficiente como para hacerlo. Orestes no estaba de acuerdo, pero para protegerte te enviamos al exilio. 
- ¡Verónica dice que ella está reconstruyendo el Partido! 
- ¿Verónica? - preguntó contrariado Luisma por primera vez girándose y mirándome a la cara. 
- Sí. 
- Pensaba que había muerto. No sabía nada de ella desde que el gobierno atacó el centro. 
- Me ha pedido que nos reunamos todos en Cáledon, en los cines de Lacánsir, para discutir una estrategia conjunta para reconstruir el Partido. 

Luisma se quedó pensativo. Mientras, yo le daba vueltas a sus palabras, a eso de que me enviaron al exilio para protegerme. 

- Nos buscas. Tal como pronostico Cayo. ¿Has estado con Orestes me decías? - asentí - ¿No con Cayo? Busca a Cayo. No se donde está. El podrá explicarte más. 
- ¿Qué vas a hacer? 
- Me intriga lo que pueda estar tramando Verónica. No debería. Esa reunión es un error. Pero volveré a Cáledon. Tú busca a Cayo. 

Así haré, me dije a mi misma. 

Al volver al alcantarillado donde Khan y Melisán me esperaban, miré con complicidad a Trotsky. Por cómo estaba todo de oscuro, preferí esperar a que saliéramos afuera. Ya con algo de luz y sin la peste fétida de las aguas residuales, me detuve un momento junto al perro y me fijé en su collar. “¡Ahí está!”, pensé. Me agaché a su lado y le acaricié el lomo. El me lo agradeció intentando lamerme. "¡Qué mejor bolchevique que tú!", pensé, mientras continuaba con las caricias, más que merecidas. Khan y Melisán sonreían mientras me miraban con Trotsky. 

- El barco donde pondremos a salvo los documentos parte esta madrugada - me dijo Khan -. Si queréis podéis subir a bordo y dejar la República. 

Lo pensé por un instante… y me imaginé a mi misma marchándome definitivamente. 

- No. He decidido quedarme - les dije mientras me incorporaba y reanudábamos la marcha en dirección al container de Melisán. 
- Toma. Es lo que he podido conseguir. 

Khan me ofreció un sobre. Dentro había papeles para cuatro personas: para mí y mis tres compañeros. Eramos una familia –un tanto original, hay que decir- con un padre anciano y viudo y sus tres hijos, un varón joven y dos chicas, una de ellas una negra adoptada. También había algo de dinero. 

- Muchas gracias - les dije -. Ahora tenéis que tener cuidado. Los mafiosos se vengaran. 
- Lo sabemos. Pero estaremos preparados - me tranquilizó el anciano. 
- Y yo voy a organizar a los demás jóvenes. Quiero ser una bolchevique - me reveló Melisán desplegando una poderosa vitalidad y energía -. ¡Yo y Trotsky! 

El perro respondió a las palabras de la muchacha con ladridos alegres y meneando su cola. Parecía tan entusiasmado como Melisán.

sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 7, el mercenario 13.

Cuándo atravesamos las puertas del palacete, el grueso de la manifestación nos recibieron con un tremendo entusiasmo. Aunque estaba atardeciendo, el sol, rojizo, aún brillaba con fuerza, dando más intensidad, luz y color a aquella emotiva escena. 

Khan nos esperaba. El anciano corrió a abrazar a su nieto. Los familiares de los otros niños hicieron lo mismo. Al sacerdote se le saltaron las lágrimas de alegría. Melisán también se puso a llorar emocionada. 

- ¡Lo hemos conseguido! - rugió un hombre fondón y veterano desde un megáfono improvisado a partir de unos altavoces del puerto. 

La gente le respondió con aplausos y ovaciones. Todos éramos muy conscientes del hito que aquello suponía: En Davenport no se daba algo así desde la guerra y, lo más importante, la participación masiva y contundente lo había conseguido: habíamos obligado a la mafia a ceder, sin pactos con otras mafias o sin ningún tipo de pasteleo. Las intrigas y las acciones individuales habían fracasado, habían mostrado su impotencia. Era la primera victoria de las masas de Davenport en mucho tiempo. Inevitablemente me recordó la batalla de New Haven, donde también la acción colectiva de las mujeres de los jornaleros había traído la victoria. Pensé que si había logrado salir con éxito de ambas situaciones era precisamente por aquellas acciones masivas y contundentes. ¿Y si no se hubiera sido así? ¿Y si las mujeres semitas no hubiesen luchado contra los fascistas? ¿Y si aquella gran manifestación exigiendo nuestra liberación no se hubiera producido? ¿Qué me depararían los dos objetivos restantes, Timberlane y Vancouver? 

Miré a mis compañeros: A Víctor, a Helena y también a Pablo. Los tres sonreían, enrojecidos por el sol que ya se iba. Les agarré y nos fundimos los cuatro en un abrazo. A los “chicos” les di un beso en la mejilla. A Helena, un apropiado movimiento de cabeza desvió el beso hasta la comisura de su boca. Ella me respondió con una palmadita/caricia en mi trasero. 

Un grupo de estibadores cogió al nieto de Khan y a los otros niños y se los llevaron en hombros hacia el puerto. El grueso de la manifestación les siguió. A nuestra espalda quedaban los hombres de la mafia, corroídos por la tremenda demostración de fuerza de la clase obrera de Davenport. 

La manifestación no era improvisada, espontánea… Alguien había agrupado y animado a los estudiantes y a los estibadores. Eran los mismos estudiantes que bebían y se drogaban en Infierno, eran los mismos estibadores que se peleaban entre ellos para cobrar la recompensa por mi cabeza… Quizás os preguntareis qué fue lo que pasó durante nuestro encarcelamiento. Os lo explicaré: 

Como ya os relaté, Pablo, en su momento más bajo, se encontró con Melisán, liberada por Número 2 para que informara a Khan de mi fracaso. Melisán, entre lágrimas, le contó a Pablo lo que había sucedido. Entonces, mi compañero sacó fuerzas de flaqueza. Descartó a Laso y buscó en su interior a Pablo. Cogió de la mano a Melisán y fueron juntos a hablar con Khan, que estaba reunido con varios estibadores. 

Khan en un primer momento se enfrentó a Pablo –era su torturador-, pero Melisán intercedió ante el sacerdote y le pidió que le escuchara. Y entonces Pablo trató de utilizar todo lo positivo que había aprendido de Miranda y de los bolcheviques. 

Luego me diría que se inspiró en mí y en Roger en New Haven, pero yo sé que ya estaba casi todo dentro de él. Efectivamente: posteriormente me explicaría que, en su brutal trabajo en las BAB, provocando dolor y sufrimiento, paradójicamente había descubierto como era el alma de un bolchevique, sus convicciones y su fuerza. Miranda le había hecho consciente de ese conocimiento y yo se lo había recordado: valor, audacia, confianza en los trabajadores y en la lucha de masas. 

- Es como si al torturarlos, al hacerles sufrir... se hubieran abierto, sí, abierto a mí. ¡Hasta el punto de conocerlos! ¡De saber valorar su heroísmo, de comprender en que fuerzas se apoyaban para poder resistir las torturas! - me explicaría- Ese conocimiento... positivo, estaba ahí dentro de mi, oculto... Hasta que primero apareció Miranda, y ahora estás tú. 

No sé. Era como si Pablo recuperara gran parte de su dulzura, pero más madura, con una sabiduría e inteligencia que hasta entonces no me había mostrado. Sí, Pablo me demostró que la gente podía cambiar. Que toda lucha interior tiene que resolverse y puede resolverse hacia el lado "bueno", por decirlo fácil y rápido. Hablando con Pablo pensé en Helena y decidí saber más de ella, pero para ayudarla. También decidí hacer todo lo posible por ayudar a Pablo, porque, aunque él no se lo imaginaba, también me estaba ayudando a mí, a recuperar la ilusión y la esperanza en un futuro mejor. 

El caso es que Pablo - volviendo a la historia- reprochó a Khan y a los estibadores que trataran de resolver sus problemas no por ellos mismos, sino apoyándose en otros: o en un sector de la mafia, o en otro sector, o en la Exiliada –que rescatara a sus niños, por ejemplo-, en lugar de actuar ellos mismos, confiando en sus propias fuerzas: 

- Los estibadores sois muchos. Sois fuertes. Controláis el puerto y todo el tráfico marítimo. ¡La mafia domina la ciudad sólo porque estáis desorganizados y dormidos! – ¡Parecía una nueva versión de Karl Marx! -Habéis mandado a mi amiga a una trampa por no arriesgaros vosotros mismos. 

Khan miró a Melisán. La chiquilla se posicionó con Pablo: "Tiene razón", dijo. Khan también lo sabía. El anciano odiaba a Laso Ludovico, por todo lo que le había hecho... Pero quizás entonces no vio a Laso, sino que vio a Pablo, diciéndole la verdad. 

- ¡Basta! - gritó el anciano- ¡Qué tenga que ser mi antiguo torturador el que me abra los ojos! 

Y Khan, líder de la comunidad, dejó atrás los hábitos y se pusieron manos a la obra: 

Hicieron rápidamente una hojita: 

¡Basta de abusos de la mafia! Como ya sabéis, los mafiosos, que constantemente nos extorsionan, han secuestrado a cinco de nuestros niños. Chicos inocentes que no son responsables de nada malo. En esta ocasión han cruzado todas las líneas. Además también retienen a un grupo de ex bolcheviques que se habían ofrecido, desinteresadamente, a rescatar a los chicos. Quieren entregarlos a las autoridades o a un destino mucho peor. Ya está bien de dejarnos pisotear o que busquemos que otros solucionen nuestros problemas. Los jóvenes y trabajadores de Davenport hemos demostrado en el pasado que somos luchadores, que somos fuertes. Es hora de recuperar el valor. Todos en manifestación hacia el palacio del mafioso Rose. Huelga en el puerto y todos a la calle.” 

Era breve pero contundente y lo firmaba Khan con un anagrama que todo estibador lo podía comprender. Melisán y Pablo se colaron en una tienda de fotocopias y, medio hablando, medio exigiéndole al dueño, consiguieron hacer 5.000 fotocopias. Entonces la cría reclutó a sus amigos de la discoteca Infierno para repartir la hojilla por todo el puerto. Melisán es toda una líder: les explicó, les animó y les organizó. Y el efecto que causó, entre los trabajadores, entre las mujeres y los hombres, ver a una decena de estudiantes repartiendo miles de hojas, enfrentándose con decisión al miedo, a la mafia y a la represión, fue eléctrico. Así, los estibadores que estaban con el sacerdote, más renuentes, se quedaron profundamente impresionados y, con muchos más ánimos, también se pusieron manos a la obra.

¡Y se organizó la huelga y la manifestación! Así, en una mañana, como con un chasquido de dedos, como si los estibadores y sus familias sólo estuvieran esperando una señal del anciano para paralizar el puerto y salir a la calle. Y quizás así era. ¡Cuántas veces en la superficie parece que nada se mueve, pero realmente el llamado de alguien con autoridad puede sacar a la superficie todo el descontento acumulado! Los jóvenes y los trabajadores de Davenport odiaban a la mafia y vieron una oportunidad de demostrarlo. Khan no era consciente de su verdadera fuerza, de la fuerza de esa juventud y esa clase obrera explotada y atemorizada. 

Necesitó que su torturador se lo recordara.

¡Impresionante!